Sounding o el arte de meterse cosas por la polla

Sounding o el arte de meterse cosas por la polla

lunes, 24 de febrero de 2014

El increíble hombre menguante, en versión sounding


Fue en 1.956 cuando nacía el conocido como "hombre menguante", un personaje de ciencia ficción creado por el escritor estadounidense Richard Matheson que, tras sufrir las consecuencias de una misteriosa niebla radioactiva, ve su cuerpo disminuido en altura y peso hasta convertirse en un ser minúsculo. De la novela saltó a la gran pantalla un año después, a través del film El increíble hombre menguante. El guión de la película había sido realizado por el mismo escritor, que veía así cómo este ser, en su pequeñez dimensional, se convertía sin embargo en uno de los grandes éxitos del cine de ciencia ficción de los años 50. Tal es así que la idea de disminuir de tamaño a los humanos a raíz de diversos experimentos o por variadas consecuencias será tomada por otros autores y artistas, pudiendo destacar entre ellos al director de cine Hilario Muñoz. En su cortometraje mudo El amante menguante (incluido dentro del film de Pedro Almodóvar: Hable con ella), un estudio de laboratorio será el que haga que el personaje interpretado por Fele Martínez mengüe cada día más ante la desesperación de la investigadora y pareja suya (Paz Vega). La idea es siempre la misma, sin embargo el resultado en este caso variará, dándole un tono bastante erótico que permite al protagonista finalizar sus días dentro de la vagina de su amada.

Hoy os traigo algo más: el hombre menguante, en versión sounding. Un hombre que se puede equipar en tamaño al de una tarántula, y que es capaz de introducirse por completo a través del vulva de una mujer, ¿no tendría el tamaño ideal también para poder jugar con la uretra de algún compañero? Ya veis que algún dibujante así lo ha concebido, diseñando el dibujo que tenéis sobre estas líneas, pero no falta también quien incluso realice algún comic sobre ello, como el que os dejo a continuación. Bajo él, la traducción personal de los textos que figuran en los bocadillos, intentando con ello que podáis disfrutar un poco mejor de la versión sounding del hombre menguante, que no deja de ser, además de una versión insólita y sorprendente, todo un acierto dentro del mundo del arte dedicado al uretralismo. Espero que os guste. ; )




 (Viñeta nº 1):

- (No me lo puedo creer. ¡Realmente se está follando mi polla!) ¡Oh, Dios mío! Connor, ¿sabes que...?

(Viñeta nº 2):

- ...estás...
- Uf, uf.

(Viñeta nº 3):

- ...aún...
- ¡Aahh!¡¡Ahh!!


(Viñeta nº 4):

- ¡¡encogiendo!!
- ¡Oh, Dios mío, Dave! ¡¡¡Me corro!!! ¡¡ Me corro!!

(Viñeta nº 5):

- (¡Guau! Nunca sabrás que eché mi corrida aquí con todo su líquido preseminal).
- ¿Connor! ¿Qué estás...? ¡¡Oh, Dios mío!!
- (¡Es la hora del principal evento!).

(Viñeta nº 6):

- (Oooooo. ¡¡Esto está tan caliente y deslizante!!).

(Viñeta nº 7):

- (¡A respirar profundamente!).

(Viñeta nº 8):  (Sin texto).




sábado, 22 de febrero de 2014

Draven Torres sondándose en un bar


¡Hola hola, morbosetes y amantes del sounding! Llegó el sábado, y para muchos es el día ideal para salir a tomar unas copas y pasar un buen rato en el bar. El latino Draven Torres es uno de ellos, sólo que a él, dentro del bar, hay una cosa que le gusta mucho más que sentarse a beber: colocarse delante del camarero (Doc Benway) para mostrarle y practicar una buena sesión de sounding. La sondada nos la ofrece la firma Fetish Force a través de su film Pony Up!, otro largometraje más, fechado en 2.012, donde esta productora ha querido hacer uso de las prácticas sexuales masculinas y gays más morbosas, entre las que no ha querido dejar de incluir aquélla que tanto nos gusta: el urethral play.














jueves, 20 de febrero de 2014

Para tejer, y algo más...



Estimados morbosetes y amantes del sounding: en la tarde de ayer el joven Cutboy84 nos mostró cómo poder pasar una especial tarde de ganchillo. Hoy os propongo continuar con una tarde entretenidos practicando con otros objetos diseñados para la costura, pero que pueden dar un uso mucho mayor... ; ) Además de las agujas para tejer ganchillo, existen las agujas de tejer lana, o simplemente agujas de tejer que, como las primeras, reúnen las condiciones ideales, a pesar de ser objetos caseros, para ser introducidas dentro de nuestra verga y practicar el sounding con ellas. Son lisas, rígidas, podemos encontrarlas de acero o de plástico, y se comercializa una amplia gama de tamaños y grosores. La punta también puede presentarse más o menos afilada, pero si bien un mayor grosor en la aguja en sí podría derivar en una mayor dilatación y estimulación uretral, un terminación más afilada por el contrario podría ser sinónimo de una práctica más arriesgada, lo cual desde mi parte no es nada recomendado.

Os dejo con un par de maromos que han decidido pasar la tarde haciendo uso de sus agujar de tejer. No sé si se les dará bien la costura en sí, pero jugar a sounding con sus útiles de costura lo bordan.








miércoles, 19 de febrero de 2014

Tarde de ganchillo


Una tarde invernal, pocas horas de luz y mal tiempo en la calle: un cóctel ideal para quedarse en casa y pasar las últimas horas del día practicando alguna actividad. ¿Qué os parece si la destinamos al ganchillo? Seguro que la primera imagen que se os vendría a la mente sería la de una viejecita tejiendo labores de costura, con la aguja de ganchillo en una mano y el hilo en la contraria. Pero no: lo que os propongo no tiene nada que ver... O más bien lo que nos propone Cutboy84, un chaval al que ya vimos con anterioridad por el blog luciendo en su polla un cable doblado que pendía del interior del carajo, y que hoy nos dará lecciones para que podamos pasar una buena tarde de ganchillo.

Las imágenes de Cutboy84 jugando con su cable las podéis encontrar en el enlace que os dejo a continuación:

http://soundingometersecosasporlapolla.blogspot.com.es/2013/09/con-el-cable-doblado.html












lunes, 17 de febrero de 2014

Con la cuerda de tender


¿Os pareció un reto probar a meterse un cable doblado, o jugar con una clavija intentando introducirla por completo dentro de la uretra? Pues no creáis que no se puede ir más allá. Los hay con tantas ganas de sentir un objeto dentro de su carajo, que el cable de un auricular les sabe a poco y desean follarse la polla con un objeto parecido pero de mucho mayor grosor. Y lo logran con otro objeto tan casero como lo es la cuerda de tender. Eso sí: bien limpia y bien lubricada, pero sobre todo bien enroscada pero sentir no un cable, sino todo un trenzado de ellos, alcanzando todo un logro dentro del mundo del sounding.





sábado, 15 de febrero de 2014

Metiendo la toma del auricular


¡Saludos morbosetes y amantes del sounding! Como bien pudisteis ver ayer, no son pocos los que se atreven a meterse dentro de su rabo un cable, incluso doblando el mismo. Pero si ya meterlo doblado supone un paso más dentro del sounding, al poder equiparar el cable doblado con una sondada doble, los hay que van más lejos y  aprovechan otra opción que brindan algunos cables concretos para dilatarse y estimularse la uretra aún más. Se trata en concreto de jugar con la clavija, intentando meterla, con cable o sin ella, dentro de nuestro conducto urinario, como si nuestra verga fuese el enchufe al que conectar y que, seguramente en caso de lograrlo, permita abrirnos las puertas a un goce nuevo. Algunos ya lo han intentado con este nuevo juguete casero. ¿Se atreve alguno más?  ; )





viernes, 14 de febrero de 2014

Con el cable doblado, 2


¡Hola hola, morbosetes y amantes del sounding! Hace un par de días os dejé con los vídeos que un seguidor y colega del folleteo de rabos quiso compartir con nosotros. Entre ellos podríamos destacar sus jugadas con el cable de un auricular, que sirvió para desvirgar su uretra de la misma manera que este objeto casero le ha servido a otros muchos tíos en sus primeros intentos dentro del urethral play. No es la primera vez que traemos este juguete al blog, pero ya que vimos a Antonio rellenar su uretra con el cable doblado, os dejo con una nueva tanda de imágenes donde otros cuantos maromos, como él y varios más que ya pasaron por este rincón de la red, deciden sondarse su verga con un doble cable, sea del tipo que sea, pero doblado, siempre doblado.




















miércoles, 12 de febrero de 2014

Las sondadas de Antonio en vídeo

Se llama Antonio y apareció por primera vez en el blog varios meses atrás, concretamente a finales de octubre del pasado año. En aquel momento nos mostraba sus comienzos en el mundo del sounding a través de varias fotografías que él mismo se había tomado follándose la verga con el cable de un auricular. Desde entonces, la cosa ha ido a más. Le ha llegado a gustar tanto el sounding a este seguidor, que del cable ha pasado al pincel, del pincel a una varilla de metal, e incluso se atreve a probar experiencias nuevas mientras se sonda, como verter cera sobre su polla mientras ésta está rellena por dentro de un cable bien doblado. Toda una carrera en el mundo del uretralismo la que está desarrollando Antonio, que nuevamente quiere compartir sus jugadas con el resto de amantes del sounding a través de sus vídeos. No tienen desperdicio. Disfrutó grabándolos, esperando que vosotros también disfrutéis viéndole a él. Os dejo con Antonio, no sin antes darle de nuevo las gracias por compartir tan buen material, incluyendo además, bajo estas líneas, el enlace a su primera publicación:

http://soundingometersecosasporlapolla.blogspot.com.es/2013/10/el-primer-sounding-de-antonio.html












lunes, 10 de febrero de 2014

Tu polla en mi polla

 

Estimados morbosetes y amantes del sounding: hace varios días un seguidor del blog me hizo una pregunta muy curiosa a través de un comentario dejado en una entrada ya publicada. Me comentaba que había oído hablar de la posibilidad de introducir un pene dentro de la uretra de otro pene, y quería saber si era cierto o no. Casualmente por mi parte, no mucho tiempo atrás, había llegado a visualizar un vídeo donde supuestamente se registraba esta extraordinaria práctica. Pues bien: he vuelto a encontrar no sólo este vídeo, sino otro más donde dos maromos llevan a cabo el mismo ejercicio. Sin embargo, temo tener que deciros que, observando bien la jugada, vengo a entender que en ninguno de ellos el pene de uno de los tíos llega a ser introducido dentro del conducto urinario del otro. Sí que entra una verga dentro de la polla del contrario, pero más bien en el hueco creado entre el prepucio y el glande llevando a cabo una práctica que nada tiene que ver con el sounding. Sería más bien un ejemplo de "cock docking". 

El conocido como cock docking consiste en intentar cubrir el glande de la pareja de juegos con tu propio prepucio (siendo imprescindible, por tanto, que uno de los dos participantes no esté circuncidado). En estos casos extremos que os traigo hoy, la persona que pone el prepucio ha sometido su pene a tal vacio (utilizando una bomba succionadora diseñada para el alargamiento de pene), que el prepucio se ha desarrollado tanto que no sólo permite cubrir su glande y el de otro tipo, sino que además el tío que tiene frente a sí puede literalmente meter su pene dentro del suyo. Por desgracia no llega a más. Desconozco si alguien, en algún lugar y momento concreto fue capaz de dilatar tanto su uretra como para poder permitir que otro hombre pudiera introducir su pene dentro de ella. Los casos más extremos que conozco de dilatación uretral han permitido meter hasta dos dedos a la vez dentro del conducto, o incluso un pequeño dildo dentro de él. Os dejo, tras los dos vídeos del cock docking extremo, con el primero de ellos para que podáis juzgar o no si la dilatación en este caso es más que extrema. Os advierto antes, eso sí, que las imágenes tanto de unos como de otro pueden resultar un poco impactantes para los más sensibles, especialmente las del vídeo último. Espero de todos modos haber respondido a la consulta de nuestro compañero de sounding y seguidor del blog.



(Las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador, especialmente las del tercer y último vídeo)








viernes, 7 de febrero de 2014

Sounding relatos: Tarde invernal (Sounding de invierno); Parte 1



No había mayor placer en las tardes de invierno para Paulo que saborear la calma que le brindaba tras un temprano anochecer una cita con el sofá de aterciopelado tapizado bermellón, ubicado frente a la chimenea de leña que centraba la estancia principal del chalet de montaña al que acudía, cada vez que podía y aprovechando la herencia familiar, en las frías jornadas que daban relevo a la inauguración del nuevo año. El tiempo parecía detenerse y el mundo entero desvanecerse conservándose únicamente en la inmensidad del universo aquel sofá orejero, la chimenea encendida cuyas ascuas ardientes competían en rojizo color con el cómodo asiento, y la mesita que junto al mueble aportaba su labor sosteniendo cada tarde que allí Paulo se alejaba del día a día, una taza de té verde endulzado con dos terrones de blanca azúcar, y un libro cuidadosamente escogido de entre los varios cientos que ya conformaban su colección particular.

Triunfaba mayoritariamente la novela decimonónica entre aquellas obras seleccionadas por Paulo que viajaban con él hasta aquel enclave erigido como lugar de escapada o auténtico santuario eremita los días que su profesión le permitía disfrutar. Sin embargo, en aquella última huída al antagonismo de lo urbano ninguna edición había sido incluida entre los componentes de su equipaje, debido más a la rapidez con que había realizado el mismo, que a un impensable rechazo por parte de Paulo de disfrutar de una buena labor literaria.

Sentado nuevamente en su apreciado escaño, con la chimenea ya en pleno uso tras haber sido encendida nada más alcanzar su destino con los últimos rayos de luz despidiéndose de las horas de sol de aquel viernes de enero, Paulo se dispuso a disfrutar del que consideraba el mayor de los placeres, al que había acudido nada más recibir noticias de los amigos con los que esperaba disfrutar en la ciudad de un fin de semana de quehaceres ininterrumpidos y diversiones varias. A Paulo le hubiera gustado poder compartir aquellos dos días de descanso entre colegas, pero una inesperada avería fortuita en el vehículo con que los mismos iban a borrar la distancia que les separaba del hogar habitual de Paulo había truncado los planes en un último momento. No tenía por qué, sin embargo, perderse en la nada ese par de jornadas de asueto, y Paulo quiso aprovecharlas para gozar de una nueva escapada en solitario a su refugio de montaña.

El té verde se enfriaba poco a poco entre las yemas de los dedos de Paulo. Éste, asiendo la taza entre sus manos, observaba mientras tanto ligeramente somnoliento, las llamas que arropaban y consumían los leños que componían aquella lumbre convertida en esos momentos en su particular hogar. Se sentía ligeramente extenuado por el movimiento laboral que lo había mecido bajo su merced los días previos, pero aunque el cansancio hacía presa de él, Paulo quiso aprovechar las últimas horas del día para saborear la lectura que, tras beber el té ya inexistente que momentos previos había abarcado el interior del vaso que salvaguardaba entre sus dedos, le brindaría la última novela adquirida en una de las más recientes sesiones del mercadillo de oportunidades que cada semana levantaban a poca distancia de su domicilio.

Paulo, depositada la ya en desuso cerámica sobre la mesita que hacía compaña de él, se percató en su vuelta a la realidad del olvido en que había caído horas antes y que conllevaba la carencia de novela con que llenar aquellos momentos tardíos que le separaban del final completo del día. Momentáneamente le invadió un sentimiento de desazón, pero pronto una idea surgió en su mente señalándole un nuevo divertimento con que llenar aquel paréntesis de solitaria quietud. Hacía varios días que no mantenía relaciones sexuales completas. Creía firmemente que la aventura que se prometía ajetreada con sus colegas aquellas inmediatas jornadas le permitirían, entre copa y copa, conocer a alguien con quien poder satisfacer sus instintos más naturales. Un giro del destino había querido privarle de semejante goce, pero no por ello había razón para renunciar a sus deseos y ganas de obtener el placer más masculino, aunque fuese haciendo uso del vicio más onanista.

Paulo comenzó a bajarse hasta los tobillos los pantalones que cubrían sus miembros inferiores, sintiendo cómo la fogosa calidez que partía de la cercana fogata acariciaba sus peludas piernas. Acordó consigo mismo deshacerse por completo de todo género textil, así como de zapatillas, calcetines y, finalmente, ropa interior, para así, libre de atuendos que escondiesen la mitad inferior de su cuerpo, entregarse a las maniobras masturbatorias más placenteras sin que nada le molestase, ni hubiera hora de finalización u obligaciones varias que le impidieran abandonarse al onanismo de las más completa de las maneras.

Se podía considerar que el pene de Paulo era grande. No excesivamente largo, ni grueso, pero sabía que superaba la media que al parecer establecían los falos de los varones que compartían nacionalidad con él. Masajeándose su miembro más viril con la mano derecha en un archiconocido vaivén ejercido a lo largo del tronco de su verga, el genital de Paulo no tardó en crecer y aumentar hasta alcanzar su mayor esplendor constitucional, dejando por cubrir un rosado glande que coronaba aquel apéndice sexual.

Una gota de líquido preseminal comenzó a emerger de entre los labios que conformaban el meato uretral de Paulo. Paulo sabía que este flujo surtido desde el interior de su bajo vientre presentaba un característico sabor dulzón que en muchas ocasiones había gustado de deleitar. Aquella vez no iba a ser distinto, y recogiendo con el dedo índice de su mano izquierda el néctar que brotaba de su falo, lamió la embadurnada yema mientras observaba con atención el rosado tono que adquiría la abertura de su pene, según aumentaba la estimulación del mismo.

Con el dulzor de su propio jugo preseminal aún invadiendo su boca, Paulo llevó nuevamente su zurdo dedo índice a la boca de su cárnico capullo para acariciar suavemente primero y llamar sigilosamente después a la puerta de su uretra. El sentido del tacto se disparó en su ser, mientras palpaba con su apéndice dáctil la jugosidad del interior de su fosa navicular, y le embargaba el placer que el conducto urinario hacía escapar mientras se sabía invadido en su intimidad.

A Paulo aquella sensación, lejos de desagradarle, le embriagaba. Hacía muchos años ya que conocía del placer resultante de estimular su uretra desde que, en aquel mismo lugar y en plena adolescencia, decidiera valientemente y respondiendo a su joven curiosidad introducirse poco a poco un pequeño brote floral que una tarde veraniega tomó de los alrededores de la cabaña en el interior del tubo que atravesaba su pene. Aquello fue el comienzo de una larga carrera de juegos uretrales donde el juguete había variado con el paso de los años, mientras que las sensaciones y el gozo se habían desarrollado in crescendo.

Paulo recordó de pronto que el último producto adquirido con la idea de estimular el interior de su falo permanecía guardado dentro de uno de los bolsillos internos de su maleta. Había utilizado este útil de viaje como portador del equipaje del cual hizo uso en una nada lejana escapada a la capital de los Países Bajos, donde quiso comprar, nada más verlo presentado en una de las baldas vítreas de una de las muchas vitrinas que amueblaban una de las tiendas eróticas que había querido visitar en aquel país, un juego de dilatadores uretrales del tipo Hegar calibrados entre los número 1 y 10, y fabricados con acero médico de la más alta calidad. Hasta aquella fecha no había surgido el momento oportuno para rescatar su nuevo juguete del apartado de su maleta donde aún permanecía esperando ser rescatado, listo para ofrecer a su nuevo dueño los servicios para los que había sido destinado. Aquella tarde, pensó Paulo, en que el gozo de la lectura se había visto interrumpido por el olvido del tomo literario con que ejecutarlo, se le brindaba una oportunidad ideal para saborear otro gozo mucho menos abstracto y sí más carnal y terrenal. Era el momento idóneo para disfrutar de una buena sesión de sounding de invierno.

(Continuará...)

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