Sounding o el arte de meterse cosas por la polla

Sounding o el arte de meterse cosas por la polla

viernes, 8 de febrero de 2013

Lecciones de sounding para principiantes 3: anatomía de la uretra




Estimados seguidores, morbosetes y amantes del sounding: son varios los que me habéis preguntado en las últimas semanas por las lecciones restantes de las cinco que os propuse traeros como introducción al sounding para los principiantes. Efectivamente desde la publicación hace varios meses de la primera y segunda lección, he dejado en el aire las tres siguientes. Bien es cierto que las dos primeras eran las fundamentales y más importantes, pero conviene continuar hasta completar las lecciones y hablar, entre otras cosas, de la anatomía de la uretra, que será el tema sobre el que versa esta tercera lección de sounding para principiantes.

Practicar sounding es estar en contacto, en lo relativo a nuestro cuerpo, con una parte muy específica del mismo denominada uretra o conducto uretral, pues el sounding sería, en resumen, introducir un objeto a través de este tubo que conecta el exterior con el interior del cuerpo masculino, en la zona genital de los hombres. Es bueno, por tanto, conocer la anatomía de la uretra ya que si queremos jugar con ella, y más aún meter algo por ella, conviene saber cómo es el conducto que vamos a usar, su fisonomía y las características del mismo, y así poder jugar adaptándonos a las mismas y disfrutando mejor.

La uretra humana, tanto en el hombre como en la mujer, es el conducto que comunica la vejiga con el exterior, diferenciándose entre ambos géneros de manera notable ya que mientras que en las féminas es corta y sirve sólo a fines excretorios, en el hombre es mucho más larga al trascurrir gran parte de ella a través del pene. En el falo a su vez es el único conducto abierto al exterior, lo que hace que este tubo esté destinado no sólo a la evacuación de la orina, sino también del semen. Para poder llevar a cabo semejantes fines, la uretra se comunica con órganos relacionados con la excreción urinaria, pero también con la reproducción sexual. Estas conexiones se llevan a cabo en su zona inicial, o uretra pelviana, que sería la adaptada a la recogida de los líquidos y sustancias que a través de ella el hombre va a expulsar, mientras que la expulsión en sí se lleva a cabo en el siguiente tramo o uretra peneana. Estamos por tanto ante un mismo tubo de igual constitución en toda su longitud pero con dos tramos diferenciados, que pasaremos a continuación a describir separadamente, conociendo las características de cada uno y los puntos a tener en cuenta de los mismos a la hora de practicar sounding.





- Uretra anterior o peneana:

Si bien la uretra nace en la vejiga y termina en el meato urinario, como a la hora de practicar sounding la recorremos en sentido contrario, comenzaremos la descripción de la anatomía uretral desde su punto final y primera fase que conoceremos en nuestras prácticas. Este primer tramo o tramo anterior sería aquella porción del conducto uretral que quedaría engarzada dentro del pene en sí, contando para ello no sólo con lo que es el pene exterior, o pene que vemos colgando del torso masculino, sino también el pene interior o resto del miembro viril que permanece inmerso dentro del tronco y que une el falo con la zona pélvica (bulbo del pene). Recibe por ello el nombre de uretra peneana, aunque otros autores la subdividen a su vez en tres espacios llamando uretra esponjosa al total, y uretra bulbosa (cuando atraviesa el bulbo del pene), peneana (al pasar por el tronco del pene) y fosa navicular (la uretra del glande) a los tres tramos que la conforman.





El conducto uretral es un fino tubo que, en este tramo, ocupa el interior del tercer cuerpo o columna que compone el pene, o cuerpo esponjoso. Lo recorre desde la base hasta el grosor final en que termina el mismo, denominado glande. El cuerpo esponjoso se encuentra en la cara posterior, trasera, interna o inferior del pene, mientras que en la cara frontal aparecen los dos cuerpos cavernosos, de mayores dimensiones que éste. Los tres cuerpos recogen la sangre que permite el crecimiento del pene durante la erección, pero en proporciones muy distintas. Mientras que los cuerpos cavernosos reciben el 90 % del flujo sanguíneo que hacia el pene discurre durante la excitación, el esponjoso obtiene el 10 % restante. A pesar de la baja proporción este 10 % permite el crecimiento de la cara interna peneana durante la excitación, pero también ofrece un acolchado protector de la uretra, que la salva de la presión sufrida sobre la misma durante la erección por el aumento de los dos cuerpos cavernosos. La uretra peneana coincide exteriormente con el rafe, o línea dibujada entre la cara posterior del pene y el frontal del escroto y perineo, salvaguardando éste restos de la formación de los genitales durante el embarazo.






La uretra se abre en la punta del pene en el denominado meato uretral o urinario masculino, también llamado orificio uretral externo, ubicado en el extremo del glande más alejado del tronco y cercano al frenillo que une el mismo con el prepucio en la cara posterior del pene. Esta abertura presenta en muchas ocasiones unos labios rosados que lo circundan y que marcan esta incisión de corte vertical, compartiendo con el glande la alta sensibilidad con que la naturaleza le dota como medida de excitación sexual, pero también la sensibilidad particular de la uretra que permite advertir la presencia de seres externos que por este conducto quisieran adentrarse dentro del organismo. 






Mientras que el grosor de la uretra es prácticamente idéntico en toda su longitud peneana (a excepción de los últimos centímetros del tramo uretral peneano, antes de alcanzar el tramo pelviano, donde se ensancha un poco en el denominado como bulbo uretral), en los 2 ó 3 primeros centímetros de la uretra que parten del meato la misma presenta un ensanchamiento que permite la adecuación del tubo con la apertura del mismo al exterior, y una mejor expulsión de la orina y del semen. Este pequeño tramo, ubicado en el interior del glande, toma el nombre de fosa navicular, semejante a un embudo final donde el meato correspondería a la parte más amplia del mismo. Esta laguna o ensanchamiento va antecedido además en la parte opuesta al meato por una pequeña curvatura que pudiera semejarse con una especie de esfínter, aunque la misma no provoca el cerramiento del conducto, así como por una menuda válvula o pliegue trasversal ubicado en la pared superior de la fosa. Este punto concreto de la anatomía uretral hay que tenerlo muy en cuenta a la hora de practicar sounding, especialmente durante las primeras sesiones, pues si bien la anatomía uretral de este punto facilita la salida de líquidos, llevar a cabo el objetivo contrario puede resultar en ocasiones difícil. En algunos conductos uretrales este último espacio apenas marca diferencia con el resto del tubo, y permiten introducir objetos fácilmente en el pene, pero por el contrario hay hombres cuya uretra presenta esta fosa muy diferenciada, y la curvatura de unión de la misma con el resto del tubo muy marcada, pudiendo parecer que la fosa no mantiene unión con el resto de la uretra, o que ésta se encuentra cerrada directamente si damos con la válvula y el espacio restante entre ella y la pared uretral superior de la fosa. En esos casos habrá que sortear muy delicadamente la curvatura final de la fosa y la válvula que allí se ubica, así como encontrar la continuación del canal abierto a este embudo final que, durante el sounding, intentaremos remontar.




Otro punto a tener en cuenta dentro del tramo peneano de la uretra a la hora de practicar sounding sería la curvatura que en el mismo se presenta, en estado de flacidez, en la zona de partida del pene externo que responde a la caída del miembro viril en reposo. Se denomina curvatura prepúbica y la entrada en erección del falo terminaría con la misma, permitiendo así durante la excitación introducir más porción de objeto dentro del pene, especialmente si el mismo es rígido, hasta alcanzar el punto de transición entre el tramo uretral peneano y el pelviano.

  




- Uretra posterior o pelviana:


Una vez sorteada la fosa navicular y atravesado el resto del conducto uretral que traspasa el cuerpo esponjoso del pene, alcanzaremos el interior del tronco masculino en la zona pélvica del mismo. El comienzo de este segundo tramo, o uretra pelviana, se concentra en un punto muy concreto y muy a tener en cuenta a la hora de practicar sounding, pues sobre el mismo se ubica el conocido como esfínter externo de la uretra, a la par que la misma marca una pronunciada curvatura que ya comenzó en la fase última de la uretra peneana (o uretra bulbosa, por traspasar el bulbo del pene), llamada curvatura infrapúbica, que permite su elevación en busca de la vejiga, alojada a la altura del ombligo, tras atravesar la próstata.







La uretra pelviana se subdivide a su vez en dos tramos más, conocidos éstos como uretra membranosa y uretra prostática. La uretra membranosa sería el primer tramo que nos encontramos nada más atravesar el bulbo uretral (última zona de la uretra peneana), y que a diferencia de éste, es la zona de la uretra menos dilatable y más estrecha. Se ubican en este punto y alrededor del tubo uretral las conocidas como Glándulas de Cowper o glándulas bulbouretrales, dos bolsas que segregan un líquido que lubrica y neutraliza la acidez de la uretra peneana antes de la eyaculación. En este punto uretral se encuentra también el esfínter externo de la uretra. Este músculo controla voluntariamente la micción, y es otro punto destacado a tener en cuenta a la hora de practicar sounding. Si bien en esta zona de la uretra ésta se eleva hacia la vejiga, continuación de la curvatura infrapúbica que partió en el bulbo del pene (en la uretra anterior), impidiendo por tanto la introducción de un objeto rígido a partir de este enclave anatómico, la presencia del esfínter supone un escollo más que salvar a la hora de meter mayor cantidad de objeto no rígido dentro de la uretra, suponiendo un extra de paciencia  y buen hacer si queremos conseguir nuestro objetivo. La extrema sensibilidad de la zona y de la uretra pelviana en general nos permitirá, en caso de sobrepasar este punto, disfrutar de sensaciones increíbles que bien pudieran semejarse al placer de orinar y eyacular al mismo tiempo, aunque la presencia de órganos junto a la misma acarrea por otro lado la suma precaución que debemos tener al atravesar este trayecto, pues una herida, corte, punzamiento, raspado o irritación en demasía de la misma podría desembocar en una infección que, además de afectar al conducto uretral, podría dañar uno de estos órganos o provocar la enfermedad del aparato urogenital en cualquiera de sus zonas.








La uretra prostática es la parte más dilatable de la misma, y  se ubica entre el esfínter externo  y el interno de la misma, marcando este último a su vez la entrada (o salida) de la vejiga. La uretra atraviesa aquí la próstata, y se comunica con ella a través de diminutos conductos prostáticos abiertos en el conocido como utrículo prostático o zona central del tramo en cuestión, de los que recibe parte de los líquidos que conforman el semen, mientras que los conductos eyaculatorios, por su parte, desembocan igualmente en este enclave tras recibir de los vasos deferentes y de las vesículas seminales el esperma y las sustancias principales del semen.

Tras atravesar la próstata, la uretra se comunica finalmente con la vejiga en la zona inferior de la misma denominada trígono vesical. Un esfínter involuntario, conocido como esfínter interno de la uretra, cierra el contacto entre el órgano urinario y  la cresta uretral, constituyendo otro punto a tener en cuenta a la hora de practicar el sounding ya que, en caso de alcanzar el mismo, nuevamente tendremos que conseguir su apertura a base de paciencia y delicadeza. Una vez logrado el objetivo, toda la uretra se habrá atravesado y habremos alcanzado el logro mayor del sounding, al haber recorrido íntegramente la uretra en toda su longitud y anatomía.



miércoles, 6 de febrero de 2013

Un penis plug ideado para los que tienen piercing



Existe un tipo de juguete ideado para los amantes del sounding denominado penis plug, el cual, compuesto por una varilla de acero con algún elemento añadido que permite su sujección al glande, se introduce dentro de la uretra para, una vez fijado al pene, poder llevarlo todo el tiempo que queramos dentro de nuestra verga, estimulando el interior de la misma durante nuestra rutina diaria. Entre los modelos existentes os presento hoy un original penis plug ideado para los tíos que tienen piercing en el pene, concretamente piercing tipo Prince Albert o Príncipe Alberto, consistiendo la sujección al glande del mismo en dos perlas unidas al extremo del invento que, si bien la superior permanece fuera del meato una vez metida la varilla en el conducto urinario, otra anexionada a uno de los lados del juguete saldría por el agujero artificial creado en el cipote del tío, tal y como podréis apreciar en las imágenes con que os dejo a continuación.






lunes, 4 de febrero de 2013

Piglet and sounds



¡Saludos morbosetes y amantes del sounding! No hace muchos días me topé por la red con un vídeo que automáticamente se colocó entre los mejores de aquéllos que componen mi pornoteca formada con material sobre sounding. Se podría decir que lo tenía prácticamente todo: no uno, sino dos maromos a los que les pone el sounding, una verga empalmada y deseosa de ser follada, un compañero que desea sondar el rabo del otro que, a su vez, espera ansioso ser sondado en todo un ambiente amateur repleto de puro morbo. El título del vídeo, en inglés, lo resume todo: Piglet and sounds. O lo que en castellano sería algo así como "cerdaco y sondas". Las imágenes lo dicen todo ¡Disfrutadlo! ; )







viernes, 1 de febrero de 2013

Sounding relatos: Estudiando anatomía; Parte 1




Aquel fin de semana de febrero presentaba una doble vertiente para Carlos. Por un lado, la presión del último examen del primer semestre del curso, pero por el lado contrario, la satisfacción de saber que después de la prueba a la que se enfrentaría el lunes siguiente, esta tanda de estudios y el periodo de exámenes terminaría. Era el primer año que cursaba estudios en la Universidad, pero la carrera de Medicina que había escogido para orientarse hacia un futuro trabajo estaba gustándole y dando buenos frutos. Algunas notas ya habían sido publicadas y junto a su nombre figuraban gratos aprobados que compensaban tantas horas sin dormir y tanto estudio consumado. Aquél sábado requería un esfuerzo final tras semanas encerrado en su cuarto del Colegio Mayor, pero una última prueba, la más dura de ese periodo, estaba por cumplir y no pondría reparos a la hora de enfrentarse a ella.

Jaime, su compañero de habitación, había terminado sus exámenes el día anterior y, deseoso de celebrar el final del periodo de pruebas había salido para festejar con estudiantes y colegas universitarios la vuelta a la libertad veinteañera. Tras varias semanas compartiendo santuario de estudios, Carlos se quedaba sólo por una noche cual eremita que sacrifica su vida en pro de una meta, sentado frente al libro de Anatomía que guardaba en su interior las armas con las que luchar en la afronta que aquel decisivo lunes le plantearía la asignatura de Anatomía General Avanzada.

Una lámina a todo color del aparato genital masculino se mostró ante los ojos de Carlos cuando éste pasó la página. De perfil y diseccionada, la cintura de un imaginario varón descubría todos sus secretos anatómicos localizados entre el ombligo y el perineo, con un agraciado pene en flacidez colgando sobre la bolsa escrotal abierta, acompañados del resto de órganos, conductos y glándulas que componen el interior de este rincón inferior del torso viril. La mirada de Carlos se posó en aquel miembro diseccionado y observó con atención cómo, partiendo del extremo externo del pene, la uretra atravesaba aquel cuerpo esponjoso donde se alojaba atravesando la cara posterior de la verga, para introducirse en el interior del tronco y, tras ofrecer un tramo de similar longitud al localizado en el pene externo, alcanzaba la vejiga.

Como tantas otras veces,  la sola visión de una uretra plasmada en un libro repleto de dibujos medicinales aturdía momentáneamente a Carlos. Le ocurría desde que a su primo Bruno le operasen hacía más de un año. Una tarde después de la intervención quirúrgica, y ya en su domicilio, Bruno, que tenía la misma edad que Carlos, aprovechaba la visita de su primo para, en la soledad de ambos encerrados en el dormitorio donde aún se reponía de su paso por el hospital, narrarle cual cómplice que desvela sus secretos más íntimos todos los detalles más escabrosos de la operación, haciendo énfasis en el momento en que una enfermera, antes de llevarle a quirófano, apareció en el cuarto donde le preparaban para el operatorio con una sonda en la mano. Bruno siempre aprovechaba cuando se quedaba a solas con Carlos para hablarle de las chicas con las que había tonteado, pero en su evolución hormonal el hecho de que una mujer al parecer bastante atractiva se presentase frente a él con semejante utensilio y, sin reparos, le dijese que debía sondarle como medida preoperatoria, era toda una experiencia para él más cercana a lo sexual que a lo estrictamente médico. Bruno le relataba con detalle a Carlos cómo aquella licenciada, tras untar la sonda con crema anestésica, cogía su pene con la mano izquierda y, una vez descapullado y abriendo ligeramente los labios de su meato con los dedos pulgar e índice, acercaba con su derecha la sonda a la boca de su glande para introducirlo lentamente pero sin titubear a lo largo de toda su uretra. “Tengo que introducirte esto por tu pene hasta la vejiga, para impedir que te orines encima durante la intervención quirúrgica”, le había contestado aquella chica cuando le preguntó ingenuo y desconcertado qué iba a hacer con aquel tubo de plástico anaranjado con el que se había presentado frente a él. Y allí estaba efectivamente inclinada frente al adolescente desnudo, ejecutando una tarea que para él, lejos de considerarla una atención a los pacientes de índole algo desagradable, consistía más bien en todo un acontecimiento más que erótico del que después poder presumir ante jóvenes hambrientos como él de experiencias con mujeres con las que apagar la sed de sexo que sus fantasías juveniles alentaban sin tregua.

El relato de aquella embarazosa situación no dejaba de dar vueltas en la cabeza de Carlos. Lejos de envidiar a su familiar por haber estado el miembro viril de su coetáneo en manos de una enfermera, Carlos pensaba más bien en el acto en sí, sorprendido por haber descubierto en palabras de su primo los detalles de una técnica con la que, repentinamente, parecía responder a las dudas que una tendencia nacida desde sus genitales le había venido planteando tiempo atrás. Muchas veces, mientras se masturbaba, le había parecido sentir deseos de alcanzar la estimulación no sólo a base de frotarse todo el exterior de su erecto falo, sino que una cada vez más potente sensación le invitaba a practicar una estimulación interna e intensa de su pene, sin entender muy bien los motivos de esa tendencia ni cómo llegar a consumar la misma.

El relato de Bruno había abierto los ojos de Carlos y le ofrecía una respuesta a las cuestiones onanistas que se había planteado tiempo atrás. La visión de una uretra siendo sondada no sólo le agradaba e incluso le estimulaba, sino que le incitaba a probar en sí mismo todo aquello que su primo le había confesado. Sondar una verga se había revelado como la meta sexual que en aquellos momentos quería alcanzar. Incluso sus deseos carnales habían llegado a influirle de manera más o menos trascendental en su decisión estudiantil y en la demarcación de sus pasos profesionales hacia la medicina. En la carrera podría aprender y ampliar más conocimientos sobre lo que Bruno le había relatado, e incluso podría llegar a vivirlo en persona a través de prácticas doctorales que llegarían en sucesivos cursos.

Mirando aquella uretra dibujada en la página del libro de anatomía, a la mente de Carlos volvían los relatos de Bruno y, como ocurría en cada ocasión en que le habían hablado de la uretra durante las clases en la facultad, una sensación que partía de su propio conducto urinario le embriagaba y le incitaba a estimularse esta zona interna de su pene. Muchas veces había pensado en llevarlo a cabo a lo largo de aquel año que separaba la tarde en que su primo se confesó con él de ese periodo de exámenes en que se encontraba inmerso. Mientras se acariciaba su polla, y tras chuparse el dedo índice de su mano derecha, se palpaba la carnosidad que surgía entre los dedos de su mano izquierda, que firmemente abrían, cual pinzas, los labios hendidos en su glande. Así había ocurrido en un sinfín de ocasiones, pero nunca se había atrevido a más. Tocarse aquella rajita rosada que coronaba su engrosado falo había calmado hasta aquella noche sus deseos y sus ansias de estimulación uretral, pero la aparición de la uretra dibujada en medio de la aparente tranquilidad del cuarto estudiantil, cargado aún con la tensión acumulada en el ambiente frente a la lucha por combatir los exámenes, convenció repentinamente a Carlos para que fuese aquél el momento decisivo en que se atreviera a probar lo que tanto había deseado.

(Continuará...)
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