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sábado, 16 de diciembre de 2017

En busca del punto G


Que el punto G existe en los hombres, es aún cuestión de debate. Algunos autores niegan convencidamente la presencia de este máximo enclave erógeno en la anatomía masculina, indicando y subrayando que se trata de un área de excitación más. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos no sólo afirman y confirman el hecho de que este punto se da en el cuerpo masculino, sino que además localizan con exactitud el mismo. Pero, ¿qué es el "punto G"?



Sería en 1.944 cuando el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg, durante su exilio en Estados Unidos y tras haber podido ser liberado de la prisión en que lo confinaba el régimen nazi, hablase por primera vez de un punto ubicado en la zona genital femenina que, al ser estimulado, superaría en la producción de excitación a otras terminaciones erógenas, hasta llegar a conseguir en la fémina un mayor orgasmo que el alcanzado a través de la estimulación del clítoris, o inclusive la controvertida eyaculación femenina. Ubicado en el interior de la vagina, en la cara frontal de la misma y alrededor de la uretra, anexo a las glándulas de Skene, sería bautizado en 1.981 como punto Gräfenberg o punto G en honor a su descubridor.



Ahora bien: ¿cuál sería el equivalente al punto G femenino en la anatomía del hombre? Tras exponerse de manera más generalizada y presentarse a un nivel más amplio y público a comienzos de los años 80 del pasado siglo la cuestión sobre la existencia de tal enclave en la genitalia de la mujer, no pocos comenzaría a plantearse la posibilidad de dar con una zona supraerógena similar en el cuerpo masculino. Hasta entonces, no se cuestionaba el hecho de que fuese el pene la región erógena varonil por excelencia. Pero algunas voces contrarias a tal teoría empezarían a surgir, apuntando hacia otra área mucho más escondida, más desconocida y, además, condenada a soportar fuertes prejuicios por ubicarse junto al ano y relacionarse intrínsecamente con las prácticas sexuales de tipo homosexual. Hablamos de la próstata.



Se conoce como próstata un pequeño órgano glandular genital masculino que, del tamaño de una castaña y formando parte del aparato reproductor varonil, se ubica junto a la cara anterior del recto, bajo la vejiga, atravesado por la uretra que, partiendo de ésta, recorre todo el pene hasta desembocar a través del meato abierto en el glande en el exterior. Es en la próstata donde convergen con el caño urinario los conductos seminales, eyaculatorios o deferentes, procedentes de los testículos y en donde vierten las vesículas seminales. La próstata, coraza de tal cruce de caminos, funciona como válvula reguladora del paso de orina y semen con el fin de que ambos líquidos no puedan mezclarse, empujando este último, al que añade algunas sustancias finales, hacia el pene y zona externa durante la eyaculación.


Las terminaciones nerviosas localizadas en la próstata son tan abundantes y de tan alta sensibilidad que permiten no sólo convertir al menudo órgano en una excelsa zona erógena de la anatomía masculina, sino inclusive coronarla como el punto G del cuerpo varonil, denominado así y por tal motivo en muchos manuales como "punto P", a modo también diferenciador del punto G femenino. Un enclave cuya estimulación provocaría en el varón un placer sexual de una intensidad inigualable a la conseguida en cualquier otra zona erógena, que pudiera desembocar en un orgasmo de mayor calibre que el otorgado por el pene o, inclusive, en la misma eyaculación sin necesidad de tocar el falo ni la genitalia externa.


Sin embargo: ¿cómo poder estimular un órgano interno ubicado dentro del propio tronco o cuerpo del hombre? La opción más inmediata, rápida y sencilla es a través del ano, al conectar la próstata directamente con la cara anterior del recto, a 5 cms. del esfínter anal. Insertando un dedo, ligeramente curvado apuntando hacia la zona frontal del conducto intestinal, se podrá palpar a través de la pared rectal el abultamiento que la próstata presenta, reconociendo la glándula gracias a su mayor dureza y redondez de la misma. Localizado este enclave, un acariciamiento continuo donde se intercale la palpación con el aumento en la intensidad o la fuerza del tocamiento, derivará en un masaje prostático que provocará la estimulación de la próstata y, poco a poco, surgirá una excitación sexual inusitada, ciertamente distante de la peneana, que condujese al varón sometido a la práctica a un gozo sexual con el que pudiera lograr un clímax único. El uso de juguetes, o del pene de un compañero de prácticas sexuales, podrá igualmente ayudarnos a tocar o alcanzar el punto G, o P, de nuestra anatomía.


Pero no sólo a través del ano es posible estimular la próstata. Aunque para muchos sea ésta la única forma concebida de activar directamente el carácter placentero del órgano, existe otra posibilidad más. Si bien el frotamiento y presión sobre la zona del perineo acciona igualmente aunque sólo en parte la estimulación prostática, una manera de llegar plenamente y mucho más directamente que a través del recto a la glándula, logrando con ello el gozo carnal propio de tal punto G, sería ascendiendo hacia la misma adentrándonos por el conducto que alcanza el órgano, accediendo por la uretra. El caño urinario, que en la porción del mismo que atraviesa la próstata recibe el nombre de uretra prostática, discurre por el corazón de la glándula atravesándola completamente en su verticalidad. Introducir un objeto a través de tal conducto en pro de sobrepasar la vejiga, significaría atravesar necesariamente la próstata y, por ende, rozarla internamente, activando así las terminaciones nerviosas existentes no sólo en la uretra, sino en el órgano reproductor en sí. Cualquier útil diseñado para dar con la vejiga, generalmente todo aquél que superase los 30 cms. de longitud, sería apto para conseguir a través de la inserción uretral mencionada estimulación prostática: catéteres, juguetes alargados de silicona, cables, etc.




Pero existen juguetes uretrales destinados a la propia estimulación de la próstata en sí. Su diseño respondería a la adecuación de un dilatador uretral a la anatomía genital masculina, prolongado el útil en pro de poder ser introducido dentro del cuerpo varonil, curvado a su vez en su fase inicial para propiciar la inserción del mismo en el tramo interno de la uretra, acoplándose al tronco y superando la curva infrapúbica, o curva posterior, que presenta el caño al ascender en su camino hacia la vejiga y próstata. Algunas de estas herramientas presentan inclusive un perlado o una serie de abultamientos en su porción iniciática, ideado para la estimulación extra de la zona prostática a alcanzar, una vez inserto el todo del juguete dentro de la anatomía. Es también posible encontrar dilatadores lisos que, a diferencia de los más comunes, de unos 20 cms. de longitud, alcanzan entre los 22 y los 25 cms. de largo, en su mayoría igualmente curvados en su cúspide. Tanto por su diseño como por sus dimensiones, alcanzar la próstata con ellos a través de la uretra sería plenamente posible.





¿Os animaríais a buscar vuestro punto G, o punto P, a través de la uretra? Algunos amantes del sounding ya se han puesto con ello. Si al hecho de follarte la verga en sí le puedes sumar el poder alcanzar y estimular el punto erógeno máximo dentro de nuestra anatomía, ¿se podría pedir más? El placer obtenido al superar la próstata es indescriptible. Os lo recomiendo, y seguro que estos maromos con los que os dejo (entre ellos el seguidor del blog y gran colega sondero Frenchm8), también. No os lo penséis más: ¡manos a la obra! O mejor dicho... ¡a la próstata! ;)




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