Sounding o el arte de meterse cosas por la polla

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domingo, 17 de agosto de 2025

Una experiencia sondera, en ProWank


¡Saludos, morbosetes y amantes del sounding! Navegando por la red me he topado con una web muy curiosa dedicada a la masturbación. No se trata de una simple página porno repleta de imágenes y vídeos onanistas. Es, más bien, un espacio donde poder hablar y compartir información y material referente a la autosatisfacción sexual humana. Entre sus secciones hay una dedicada a los relatos, y entre éstos, a su vez, di con la narración de toda una serie de experiencias sonderas, a modo de resumen, con sus luces y sus sombras, de esta vivencia personal tan especial. No he querido dejar de compartirla con vosotros. Si bien no he conseguido averiguar quién es su autor, ni su fecha de creación, cuando la leáis entenderéis que lo que confiesa sobrepasa las fronteras geográficas y temporales. La web, por cierto, se llama ProWank. ¡Espero que os guste!


EXPERIENCIAS PERSONALES CON EL SOUNDING 
 

"Para quienes no lo sepan, el sounding consiste en introducir un objeto por el orificio urinario, con la posibilidad de alcanzar el final de la uretra. En algunos casos, incluso, se puede llegar a penetrar en la vejiga. También se le conoce como urethral play (juego uretral) o urethral fucking (follada uretral). Se da también el catheter play, haciendo uso de los catéteres uretrales médicos en lugar de los dilatadores o sondas.

Estoy de acuerdo en que sondar es una sensación maravillosa, especialmente si se realiza con profundidad, ya que te proporciona una sensación parecida a la de tener ganas de orinar, pero mucho mejor.

Empecé en torno a los trece años, antes incluso de que pudiera eyacular. Tenía un termómetro de varilla, con una varilla metálica de unos quince centímetros. Mi vecino, de mi misma edad, no quería que le sondara, pero tanto él como su hermana gemela me lo metieron en el pene varias veces. ¡Qué divertido! Me hubiera gustado jugar con el orificio uretral de su hermana, pero nunca se dio la ocasión.

El sounding también es arriesgado. Una vez me provoqué una infección terrible. Empezó en la próstata, causando una sensación extraña, con un poco de picazón hasta teñir mi semen de rojo debido a la sangre que arrastraba. Un día después, la inflamación se extendió hasta el epídimo y los testículos, hinchándose como si fuesen mandarinas. Me dolieron muchísimo durante dos semanas. Y eso que creí que había tenido cuidado y que lo había esterilizado todo perfectamente.

Últimamente, no suelo practicar mucho sounding. Me he dado cuenta de que puedo alcanzar orgasmos fantásticos por otros medios, así que, ¿por qué arriesgarme?

Durante mis sondadas, descubrí que se pueden insertar dilatadores hasta la vejiga doblando el pene hacia abajo lo suficiente como para lograr una trayectoria casi recta. Experimenté con sondas de silicona, pero en una ocasión, mientras un amigo me sondaba con una sonda flexible, el lubricante se absorbió y, al sacar la sonda, se me pegó en la uretra, provocándome un sangrado profuso que le asustó. Por suerte, me recuperé en apenas un día.

Dicen que los dilatadores anchos son más seguros que los finos, al poder estos últimos perforar la uretra. Una vez encontré tubos transparentes en una tienda de repuestos para automóviles. Los compré de entre 3 y 12 mm. Fundí los extremos con una llama y los lijé hasta que quedaron lisos. Me sorprendió muchísimo descubrir que podía introducir el tubo de 10 mm de diámetro hasta la próstata, aunque no logré alcanzar la vejiga.

¿Alguna vez has sentido ese temblor provocado por la introducción de un tubo en la vejiga? Mi teoría es que el extremo del tubo, al dar contra el lateral de la vejiga, hace que la pared se flexione, dejando fluir la orina y luego obstruyéndola, una y otra vez, quizás cinco veces por segundo. Probablemente sea peligroso, pero es una sensación realmente interesante.

También me he insuflado aire en la vejiga y lo he dejado salir por la uretra. ¡Menuda sensación! Sientes las vibraciones en lo más profundo de tu cuerpo, alrededor de los esfínteres uretrales y la próstata. Hacia el final, el aire se mezcla con la orina y salen burbujas o espuma por el orificio urinario. Sin embargo, probablemente tenga suerte de seguir vivo. Creo que el aire puede subir hasta los riñones y causar problemas, desde infecciones hasta embolias.

¡Ah!, y luego estuvo aquella vez que fui a una convención. Estaba solo en la habitación de un hotel. Me dieron material de oficina, incluyendo un bolígrafo largo y afilado. ¡Qué fascinante!, ¿verdad? No tenía lubricante, pero encontré un bote de champú en el baño. Pensé que podría usarlo, y me metí el bolígrafo unos diez centímetros en el pene. El champú, sin embargo, empezó a provocarme un gran escozor. Me saqué el boli y me masturbé. Al eyacular, me escoció mucho más.

Después de esa vivencia, me empezó a escocer mucho la uretra. Era tan fuerte el escozor, que tardaba unos veinte minutos en orinar, dejando salir un pequeño y doloroso chorro en cada ocasión. El escozor era tan fuerte, que no podía mantenerme erguido. Se prolongó por tres días.

En conclusión, prueba con técnicas más seguras. Soy la prueba viviente de que puede acabar mal. Desde entonces, he descubierto que puedes experimentar frotando el glande o masajeando firmemente los testículos si buscas intensidad, o puedes aprender a tener orgasmos secos continuos que duren una hora o más. ¡Madre mía! ¡Nada se le parece!

Por cierto, en relación a cómo hacer que la inserción de un catéter sea más cómoda para los pacientes, mi opinión es que si el paciente está consciente y razonablemente cómodo, podría insertárselo él mismo, guiado por la enfermera. Verá y notará cuándo el catéter podría estar dañando su uretra. Podría parar, tomarse su tiempo, y superar con cuidado cualquier curvatura del pene sin necesidad de raspar la pared uretral. Habiendo jugado con catéteres, puedo dar fe de que se puede hacer sin lidocaína y completamente sin dolor.

La segunda mejor opción sería que la enfermera usara mucha lidocaína y se asegurara de que la anestesia recorriera toda la uretra, hasta la vejiga. Luego, debería ésta tomarse un minuto para que la lidocaína haga su efecto. Después, con abundante lubricante, que proceda lentamente, dispuesta a retirar la sonda parcialmente insertada para distribuir mejor la anestesia y el lubricante antes de seguir insertando más profundamente el catéter por la uretra."

domingo, 25 de septiembre de 2022

Becoming a fixture

 

Con la llegada del nuevo curso, no son pocos los estudiantes que deciden buscarse un empleo con el que poder sacarse un dinero extra entre clase y clase. El protagonista de la entrada de hoy, a modo de fotonovela, es lo que ha pensado tras escuchar que en el Club Dominion, o Club del Dominio, buscan chavales que contratar. Aunque quizás lo que se va a encontrar no es justamente lo que esperaba en un primer momento...  ¿Sé quedará en la empresa? ¿Le aguardará alguna sorpresa? Leedlo por vosotros mismos, ¡y disfrutad de la historieta! ;)

- Perdone, señor. ¿Es éste el “Club del Dominio”?

- Sí, lo es. Soy el propietario, Maestro Chirenon. ¿Puedo ayudarte en algo?

 - ¡Oh! ¡Eso espero, sí! Me dijeron que estabas contratando chicos y quería saber si me darías un empleo.

-¿Has oído hablar mucho de nosotros? ¿Eres consciente de lo que significa ser un empleado aquí?

- ¡Dios mío! ¿Qué es este lugar? ¿Quiénes son estos chicos?

- Esta es justo una de nuestras habitaciones de accesorios. Como podrás ver, en el Club del Dominio, estamos especializados en el servicio completo. Si uno de nuestros invitados quiere tener sexo, es importante para nosotros que un accesorio servicial de calidad esté siempre dispuesto para su uso...

- Eso creo. Quiero decir, escuché rumores un poco extraños... Como que tenías que vivir aquí unos seis meses y seguir una dieta especial, y obedecer todas estas reglas y cosas. Y mi amigo dije que si trabajabas aquí no te estaba permitido llevar ropa, y que un montón de cosas te ocurrirían.

- Hay más que eso, pero has cogido la idea básica. No estamos contratando más sirvientes por ahora, pero tenemos algunos puestos para accesorios.

- OK. ¿Qué es eso?

- Te lo enseñaré...

- ¿Quieres decir que estos chicos permanecen atados a la pared como objetos sexuales?

- Desde luego. Son accesorios. Ésa es su función. Solamente pasan ocho horas diarias junto a la pared. El resto del tiempo lo pueden pasar en el gimnasio, o pasando el rato en la piscina... Todo lo que quieran menos tener sexo. En su tiempo libre, llevan cinturones de castidad, así se pueden poner más y más cachondos.

- ¿Qué están llevando sobre sus pollas? Parece un raro dildo gigante...

- Es correcto. Estos accesorios son “esclavos macizorros”. Como podrás ver, aunque todos nuestros miembros son ricos y poderosos, un buen número de ellos prefieren ser jodidos. Está bien, pero si un esclavo siente que está follando al Maestro, puede caer en la idea de que está llevando el control. Los extensores están diseñados especialmente para prevenirlo. Puedes follarte uno de estos esclavos a lo largo de todo el día y éste nunca tendrá ganas de correrse. Para los accesorios, follar es muy frustante. Además, cada accesorio está continuamente enganchado a una máquina folladora, para recordarles que tienen que ser maromos, pero nunca superiores.

- ¿Quieres decir que están siendo follados y teniendo sexo todo el tiempo que están aquí, pero no pueden nunca correrse?

- ¡Exacto! Tenemos reglas muy estrictas para nuestros empleados: tienen totalmente prohibido correrse mientras trabajen aquí. Así que, ¿qué dices? ¿Quieres ganar 50.000 dólares por convertirte en un accesorio durante seis meses?

- ¡Qué demonios! ¡Seguro! Inscríbeme. Necesito de verdad el dinero.

- Vamos a leer las reglas y firmar los contratos. Entonces, te guardaremos la ropa, te bañaremos y afeitaremos...

- ¡Y supongo que tendré que prepararme para uno de esos extensores de polla!
 
- Oh, no no no. Los extensores son para los accesorios macizorros. Tú eres lógicamente un accesorio juvenil. Tu puesto está en la otra habitación y será un poco diferente...

- ¡Guau! ¡Esa depiladora fue muy dura! ¡Me pica! ¡Siento como si la capa superior de mi piel se hubiese ido por el desagüe con todo mi pubis!

- Somos muy serios en cuanto a la limpieza en el Club del Dominio.

- Leyendo todas esas reglas, tengo la sensación de que eres serio en relación a un montón de cosas, señor. Incluso, estoy un poco excitado por vivir aquí. Toda la comida es gratis y vi que había un gimnasio.

- ¡Totalmente cierto! Recuerda que como esclavo joven, no te está permitido hacer aerobic ni usar las máquinas de musculación. Ejercer la musculatura está fuera de tus límites. Tu dieta baja en calorías especialmente formulada para jóvenes te ayudará a prevenir ganar masa.

- Dios, no acabo de acostumbrarme a estar completamente desnudo. Toda esta experiencia es tan excitante. Me estoy poniendo un poco cachondo, señor...

- ¡Puedo verlo! Tras tu primera prueba como accesorio, te pondremos un protector de castidad. Eso prevendrá problemas como el que estás teniendo.

- ¿Mi primera prueba? ¿Eso significa que voy a comenzar ya, señor?

-Sí, chaval. Vamos a atarte a una pared.

- ¡Bien, bien! Esto no es una visión tentadora. Recuerda que una vez comience tu prueba, te está absolutamente prohibido hablar. ...pero mientras te voy preparando, puedes hacerme preguntas.

- Uhhh, gracias, señor. Esto es un poco diferente de lo que me esperaba. Los accesorios macizorros no estaban en esta posición.

- ¡Claro que no! Esta es una estación para folladores. Como Accesorio T-8, te convertirás funcionalmente en un simple fleshjack. Te verás reducido a convertirte en un inanimado agujero para follar, totalmente desamparado, incapaz de impedir la penetración. Nos queda un último acoplamiento y estarás listo. ¿Sabes qué es una varita de sounding?

- ¡Ohhh! ¿Un qué, señor?

- ¿Te gusta este acoplamiento, Accesorio T-8?

- ¡Se siente tan extraño, señor! ¡Como si necesitase mear! O me estoy meando... ¡Eeeee! Ahh, está tan dentro. ¿Para qué es esto, señor?

 
- De esta manera, si se te pone dura, lo que ocurrirá es que te empalarás a ti mismo. En vez de usar esta miniprotuberancia para follar, será follada por el agujero para mear.
 
- ¡Guau! Cielos. No me esperaba esto, señor.
 
- No me importa. Estás completamente atado a la pared y tu prueba ha comenzado oficialmente. No puedes hablar más. Ya no eres nada salvo un accesorio inanimado. No eres más que un agujero para cualquier huésped que quiera usarlo.
 

sábado, 23 de abril de 2022

Sounding relatos: Experimentando el sounding siendo controlado

 

¡Saludos, morbosetes y amantes del sounding! Como muchos de vosotros sabréis, hoy es el Día Internacional del Libro. Una jornada para fomentar la lectura, recordar la importancia del libro en la historia de la humanidad y, en definitiva, celebrar la cultura, que este año he creído conveniente festejar también desde el blog. No sólo con vídeos o imágenes podemos disfrutar y aprender sobre sounding. También un buen relato puede acercarnos al mundo de la práctica que tanto nos apasiona. De hecho, son varios los relatos centrados en el sounding que a lo largo de la historia del blog han ido apareciendo por aquí. Hoy, os dejo con uno más. En este caso concreto, se trata de una pequeña obra escrita por Habu (kthdun@gmail.com): un prolífico escritor centrado en las historias eróticas, con más de 100 títulos a la venta, y de cuyos trabajos podréis conocer más a través de la web BarbarianSpy. Este relato en concreto sería publicado el 16 de enero de 2.015 en la web GayDemon, centrándose en la supuesta propia experiencia vivida por el autor en relación con el sounding. Os dejo la historia narrada en su lengua original (inglés), ofreciéndoos posteriormente una traducción al castellano. Su título es "Experiencing G-M Partnered Sounding", que he venido a traducir como "Experimentando el sounding siendo controlado". Espero que os guste :)

 EXPERIENCING G-M PARTNERED SOUNDING

"I like to write edgy gay male stories, but I'd never even heard of the act of sounding before someone remarked on a gay story site that they had trouble finding such stories. I looked the term up and was both intrigued and shocked, wanting to include sounding by one man of another in a story but having no context I could put it in.

I usually write from experienced emotions, and I didn't think I could do justice to the sounding experience in a story without having had the experience myself. I mentioned that to my steady male lover at the time, a university exchange student from Lebanon, who had been sent from Beirut by an old lover specifically for me to mentor at the local university in exchange for regular, dominating sex. To my surprise, Samir (I'll call him Samir, not the least because that was his name) said he had been sounded back in Lebanon and knew of a tattoo artist in this university town who did soundings.

I left it at that for a couple of weeks, afraid to pursue the issue, but my muse increasingly pressed me to write about sounding. I had been challenged to do so. The tattoo artist had rooms above his shop. He was a wiry, bald, but hard-muscled guy, probably in his late thirties, who was a walking billboard for his craft. I normally would not have chosen someone like him to have sex with, but he had something I wanted to acquire, and there Samir was, egging me on. He seemed as excited for me to have the experience as I was to learn of such a strange experience.

The tattoo artist told me that the key to sounding was that I remain absolutely still through the experience so that no internal damage was done-that after my urethra canal, running down my shaft, toughened to the experience through multiple use with wands-rods-of increasing thickness, the worry of damage would lessen. I was trembling. I had no plans at that point to have more than the one experience-and with the thinnest wand possible-so that I could write about it.

Seeing that I already was trembling at the mere idea of it, the tattoo artist said that the best position for me would be sitting on his cock in his lap, with my extremities immobilized. I told him I was worried about giving up full control, and his answer was that that was the whole point of one man sounding another. I would have to be submissive to his every command. And, as preparation, he would need to fuck me first and take full control of me. That I would have to be completely submissive to him; if I couldn't fully submit to him, he wouldn't provide the experience.

With Samir watching, I let the man bend me over his bed and fuck me from behind. As he did that, he gave me commands of positions to take and responses to make with my hands and channel muscles. He commanded that I hold the urge to ejaculate, and I did so, with difficulty. When he was satisfied that I would follow commands immediately, he showed me the sounding rods, saying he would use no more than two of the smallest ones on me in this first experience. Then he explained what he was going to do with them, in detail.

I almost backed out at that point, but Samir was giving me encouraging looks, and I didn't want to disappoint Samir, who had set this up at my request. Once again the tattoo artist said I'd have to remain completely still, but that I didn't have to hold off ejaculation. I could let it flow; I would just have to combat the urge to jerk while I did it if a wand was inside the canal.

He said that if I waited for the wand to be extracted, though, the experience of ejaculation during the extraction would be explosive and I could jerk freely-and probably would want to. When we had both cooled off, he sat in a straight chair, commanded me to kneel between his legs and service his cock with my mouth, which I did, and to roll the condom on him when he was hard and spray his cock and my channel with lubricant again, which I did. Then he pulled me onto his lap and cock, facing away from him. He worked his knees between my thighs and forced my legs wide apart, immobilizing them. He had Samir pull my arms around to his back and handcuff them, immobilizing them as well. He lifted and lowered my channel on his hard shaft until he was satisfied that he was in complete control of me. I had gone hard in the process.

He then had to repeatedly tell me to relax, hold still, and breathe naturally as, holding the bulb of my now-hard cock erect between two fingers of one hand and squeezing it to open my piss slit, he slowly pushed the silver sounding wand with a slight bulge at the end into my urethra canal and fed it down in a slight curve into the narrow canal. As he did so, I could feel his cock throbbing inside me, and I could tell that he was as keyed up as I was. He kept murmuring encouragement in my ear as I laid my head back in the hollow of his shoulder and whimpered at the feel of the hard steel penetrating down the length of my shaft, telling me how nice my cock was and how well I was doing. At length he told me the wand was in four inches, that he was going to twirl it a bit to give provide me the sensation of that and then extract it and replace it with a thicker one. And then that he was going to fuck my cock with the thicker one.

I gasped as he slowly pulled the rod out and almost ejaculated then. I trembled almost uncontrollably as the larger wand entered the canal and he stopped and murmured to me to relax, hold still, and breathe naturally. He was hard as a rock inside me, and I was concentrating as much on his cock inside me as on the wand. He was breathing heavily now, as much into the experience as I was.

He told me that the thicker wand was in deeper than the first one had been, but he didn't say how much deeper. He said then that he was going to start fucking the channel with it and that, although I could flow with the wand in, perhaps I'd want to warn him when I was about to come and he'd pull the wand out. He said the ejaculation I experienced from sounding would be like no other and that it might be best, especially the first time, if the wand was out, because I'd probably want to jerk and shudder as I spouted. He began moving the wand up and down, slowly, in the canal, and it did feel very much like fucking. He twirled it. Emitting little gasps and working hard to maintain control of myself, while lost in the new sexual sensations I was feeling, I felt myself ready to blow, and told him I was about to. He extracted the wand as I shot out onto the carpet, now free to shudder almost uncontrollably-and doing so. He was right. The ejaculation was extraordinary. I felt my whole body collapse into itself and go weak and trembly like a bowl of Jell-O.

Telling me how good I'd been, he stood, bringing me up with him, took two steps to the side of the bed, bent me over the bed again, and fucked me to his ejaculation. Afterward he put his mouth to my ear and whispered to me that he wanted me to come back to him for more. It didn't sound so much a request as it did a command, though, which frightened me.

It particularly frightened me because I could see where this fetish could become an obsession. And I didn't want it to become that with me.

I admit that I did go back to him a couple of times, enjoying the experience each time with progressively thicker wands, and wanting that special ejaculation, but I eventually stopped it as having been something to experience but not to practice regularly-afraid more of the emotional and mental control aspects of it than of the physical act. Fundamentally, I didn't want the tattoo artist to control me, and he would do so as long as I came back to him-and I would likely sink deeper and deeper into his control the longer I let him dominate me this way. The man who had initiated me into male-male sex had controlled me totally and used me mercilessly, and I didn't want to give up that much control ever again.

After the third and last session with the tattoo artist, I did let Samir, who dominated me and who I totally trusted, sound me a few times himself, and I felt a closer connection with him when he did it than I'd felt with the tattoo artist. With Samir, the familiarity and trust level permitted us to come almost simultaneously. Also, Samir continued practicing this on himself in my presence before we fucked, increasingly so when he knew I was aware of the practice, and it was arousing to me to watch him work himself with the sounds.

During that first session, the tattoo artist offered to sound Samir, who was willing, so that I could watch the effect on someone more experienced and able to take thicker wands longer and deeper. And from those experiences, I felt able to write stories about sounding and have included it in several of my stories"

"Me gusta escribir atrevidas historias gays, pero nunca había escuchado hablar de la práctica del sounding hasta que alguien comentó en una página dedicada a los relatos gay que tenía problemas a la hora de encontrar historias basadas en tal técnica. Busqué el término y me intrigó y conmocionó a la vez, queriendo incluir la sondada de un tipo a otro hombre en un relato, aunque no encontraba el contexto donde meterlo.

Habitualmente escribo basándome en las emociones experimentadas, y pensé que no le haría justicia a la experiencia sondera en un relato sin haberlo experimentado previamente por mí mismo. Se lo mencioné al que era mi amante masculino estable por entonces, un estudiante universitario de intercambio procedente del Líbano, que había sido enviado desde Beirut por un antiguo amante específicamente para mí como mentor en la universidad local a cambio de sexo regular y dominante. Para mi sorpresa, Samir (le llamaré Samir, no por nada sino porque ése era su nombre) dijo que él había sido sondado en el Líbano y sabía de un tatuador en esta ciudad universitaria que lo llevaba a cabo.

Lo dejé así durante un par de semanas, temeroso de continuar con el tema, pero mi musa me presionaba cada vez más para que escribiese sobre sounding. Me habían desafiado a hacerlo. El tatuador tenía habitaciones sobre su establecimiento. Era un tipo enjuto, calvo, pero bien musculado, probablemente de treinta y muchos, convertido en un cartel ambulante de su propio oficio. Normalmente no habría escogido a alguien como él para tener sexo, pero tenía algo que yo quería adquirir, y allí estaba Samir, incitándome. Parecía tan excitado porque yo tuviese tal experiencia, como yo lo estaba por aprender sobre esa práctica tan extraña.

El tautador me dijo que la clave en el sounding era que permaneciese completamente inmóvil durante la sesión, para no sufrir así ningún daño interno. Que tras experimentar con varillas de diverso grosor, el peligro de daño disminuiría. Estaba temblando. No tenía pensado tener ninguna experiencia más, y ésta con la varilla más fina posible, con el único fin de poder escribir sobre ello.

Viendo que yo ya estaba temblando sólo con mencionarlo, el tatuador me dijo que la mejor posición para mí sería sentado sobre su polla y recostado sobre su regazo, con mis extremidades inmovilizadas. Le dije que me preocupaba perder el control total, y su respuesta fue que ése era el punto clave en la sondada de un hombre a otro. Tendría que ser un sumiso a su completa disposición. Y, como preparación, necesitaba follarme primero y tomar control total sobre mí. Tendría que ser completamente sumiso con él; si no lo era, no me proporcionaría la experiencia.

Con Samir mirando, dejé que el tipo me inclinase sobre su cama y me follara desde atrás. Mientra lo hacía, me fue dando órdenes sobre cómo ponerme y qué hacer con mis manos. Me ordenó que me aguantase las ganas de eyacular, y así lo hice, aunque con dificultad. Cuando estuvo satisfecho sobre cómo seguía sus órdenes inmediatamente, me mostró las varillas de sounding, diciéndome que usaría sólo las dos más pequeñas durante mi primera experiencia. Entonces me explicó detalladamente qué iba a hacer con ellas.

Casi me echo para atrás en ese momento, pero Samir me miraba alentadoramente, y no quería decepcionar a quien había organizado este encuentro por petición mía. Una vez más el tatuador me dijo que tenía que permanecer completamente inmóvil, pero que no tenía que contener la eyaculación. Podría dejarla fluir. Lo que debía aguantar eran las ganas de masturbarme mientras tuviera una varilla dentro de la uretra.

Me comentó que si esperaba a que la varilla fuese sacada, la experiencia durante la extracción sería explosiva y podría masturbarme libremente, incluso seguramente querría hacerlo. Cuando ambos nos calmamos, se sentó en una silla recta, me ordenó arrodillarme entre sus piernas y meterme su polla en la boca, lo cual hice, para ponerle un condón una vez se le hubiera puesto dura, rociando su verga con spray y mi ano con lubricante, obedeciendo nuevamente. Entonces me acercó a su regazo y polla, de espaldas a él. Puso sus rodillas entre mis muslos y forzó mis piernas para separarlas, inmovilizándolas. Le dijo a Samir que pusiera mis brazos sobre mi espalda y los esposara, inmovilizándolos también. Entró y salió de mi ano con su verga erecta hasta que se sintió satisfecho por tener control total sobre mí. Me había esforzado mucho en el proceso.

Tuvo entonces que repetirme que me relajase, que permaneciese inmóvil, y que respirase con naturalidad mientras, agarrando con dos dedos de una mano el glande de mi verga, que se me había puesto bien dura, y apretando para que se abriese el meato, me introdujo lentamente la varilla plateada con una bola en la punta dentro de mi uretra, haciendo una curva para meterlo dentro de lo estrecho del canal. Mientras lo hacía, pude sentir cómo su polla latía dentro de mí, dándome cuenta de que estaba tan excitado como yo. Siguió susurrándome palabras de ánimo en mi oído mientras apoyaba mi cabeza sobre su hombro y sentía el duro acero penetrando a lo largo de mi uretra, diciéndome lo bien que se sentía mi verga, y lo bien que lo estaba haciendo. Entonces me dijo que tenía metidos unos diez centímetros de  varilla, que la iba a girar un poco para que viese la sensación que producía, y entonces la sacaría y reemplazaría por una más gruesa. Después, me follaría la verga con ésa.

Jadeé mientras sacaba lentamente la varilla y casi eyaculo. Me puse a temblar casi incontroladamente mientras la siguiente varilla entraba en el canal, paró y me susurró que me calmase, que permaneciese quieto y que respirara con naturalidad. Sentía su polla tan dura dentro de mi culo, que estaba tan concentrado en su verga como en la varilla. Estaba respirando tan profundamente, como yo estaba metido de profundo en la experiencia.

Me dijo que la nueva varilla había entrado más que la primera, aunque no me comentó cuánto más. Me dijo entonces que iba a comenzar a follarme la uretra con la varilla y que, aunque podía correrme con ella dentro, quizás querría avisarle cuando estuviera a punto para que así él pudiera sacarla. Me dijo que la eyaculación que experimentase con la sondada sería como ninguna otra, y que sería incluso mejor, especialmente la primera vez, si la varilla estaba fuera porque seguramente querría masturbarme mientras lefaba. Comenzó a mover la varilla arriba y abajo, lentamente, por la uretra, y sentí como si realmente me la estuviera follando. La giró. Emitiendo pequeños jadeos e intentando mantener el control de mí mismo, mientras me perdía en las nuesvas sensaciones sexuales que estaba sintiendo, sentí que estaba listo paa eyacular, y se lo comenté. Extrajo la varilla y me corrí sobre la alfombra, libre para sacudirme sin control, y así lo hice. Estaba en lo cierto. La corrida fue extraordinaria. Sentí mi cuerpo entero colapsado sobre sí mismo y temblando como un tazón de gelatina.

Diciéndome lo bien que había estado, se puso de pie, llevándome con él, dio dos pasos hacia la cama, me inclinó sobre ella de nuevo, y me folló hasta correrse. Acercó su boca a mi oído y me susurró que quería que volviese a por más. No sonaba como una petición, sino como una orden, lo cual me asustó. Especialmente, porque podía ver cómo este fetiche podía convertirse en una obsesión. Y no quería que se convirtiese en tal. 

Admito que regresé un par de veces, disfrutando de la experiencia cada vez con varillas progresivamente más gruesas, y esperando esa eyaculación tan especial, pero finalmente paré dado que había sido algo para experimentar, pero no para practicar de manera regular, temeroso más por los aspectos de control mental y emocional, que por el mismo acto físico en sí. Fundamentalmente, no quería que el tatuador me controlase, y él lo haría siempre que yo regresase, y yo caería más y más profundamente en su control cuanto más tiempo le dejase dominarme de esta manera. Aquel que me había iniciado en el sexo entre hombres me había controlado totalmente y usado sin piedad, y no quería ceder tanto control nunca más.

Tras la tercera y última sesión con el tatuador, dejé a Samir, el cual me había dominado y en quien había confiado plenamente, que me sondase varias veces él mismo, y sentí una conexión más cercana a él cuando lo hizo que cuando me lo llevó a cabo el tatuador. Con Samir, la familiaridad y el nivel de confianza nos permitía corrernos casi simultaneamente. Incluso, Samir continuó sondándose en mi presencia antes de que follásemos, más cuando supo que estaba al tanto de la práctica, excitándome al verle practicando con las sondas.

Durante aquella primera sesión, el tatuador se ofreció a sondar a Samir, el cual estaba dispuesto, para que así pudiese yo ver el efecto en alguien más experimentado y capaz de practicar con varillas más gruesas, por más tiempo y de manera más profunda. Y a partir de esas experiencias, me sentí capaz de escribir historias sobre sounding así como incluirlo en varios de mis relatos."

martes, 5 de abril de 2022

Men´s Health habla sobre el sounding

 

Men´s Health es una revista mensual dedicada al público masculino, con sede en Nueva York (USA) aunque distribuida por más de 40 países a lo largo y ancho de todo el mundo. Considerada una de las publicaciones masculinas principales del planeta, la misma se centra fundamentalmente en temas de salud, nutrición y deporte, sin que falten miradas hacia la moda y los estilos de vida que afectan al hombre actual.

Curiosamente, en diciembre de 2.019 la edición norteamericana de esta revista publicaba un artículo escrito por Zachary Zane dedicado a un tema que a nosotros nos es muy conocido, pero no así para el gran público: el sounding. Bajo el título "Sounding is a kink that involves putting a metal rod in your urethra; you might see pain, but some guys see pleasure" (El sounding es un morbo que conlleva insertar una varilla metálica en tu uretra; es posible que lo veas como algo doloroso, mientras que otros lo ven como algo placentero), el artículo explicaba primeramente en qué se basaba esta práctica, entrevistando después a tres tipos que la han llevado a cabo: Jacques, de 42 años, Tony, de 54, y Alex, de 55 -si bien los nombres de Tony y Alex habían sido cambiados para proteger el anonimato de los entrevistados. Jacques había ejercido el sounding unas 20 veces. Alex sólo tres, mientras que Tony lo había practicado alrededor de las 100.

Si bien personalmente no coincido con el autor del artículo, cuando al iniciarlo clasifica la práctica como una de las más técnicas sexuales más extremas con las que nos podemos encontrar, a la altura de aquéllas que conllevan la aparición de sangre, es curioso por el contrario leer la descripción que dan sobre el sounding, a la par que ilustrativas las experiencias narradas por los chicos entrevistados. Aunque posiblemente lo más llamativo, es el mismo hecho de que de este tema se hable abiertamente en una revista de tan amplios seguimiento y tirada. ¿Os apetece leer el artículo y saber qué nos cuentan Jacques, Tony y Alex? He intentado traducirlo al castellano lo mejor posible. ¡Aquí lo tenéis! ;)


 ¿Sounding uretral? ¿Qué es eso?

El sounding uretral conlleva la inserción de una sonda -una varilla larga y fina, habitualmente realizada en acero quirúrgico- a través de la abertura de tu uretra. Sí, estamos hablando del agujero para mear. El sounding no es en realidad exclusivo de aquellos que tienen pene; quienes tengan vagina pueden experimentar el sounding, si bien la técnica es diferente ya que (lógicamente) penes y vaginas tienen constitución diferente. Sin embargo, la práctica del sounding parece ser mucho más popular entre quienes tienen pene.

De acuerdo con Healthline, el sounding comenzó como un procedimiento médico destinado a eliminar bloqueos en la uretra. Aun hoy, los urólogos sondarán a un paciente si se topan con una constricción uretral (un bloqueo o cierre de la uretra).

En un marco sexual o morboso, los hombres no son sondados a fin de eliminar bloqueos. Son sondados porque se siente bien. De hecho, la uretra tiene un montón de terminaciones nerviosas que pueden proporcionar un intenso placer si son estimuladas con acierto. Si la sonda se inserta lo suficiente, puede incluso estimular la próstata, que es habitualmente conocida como el punto P, o el punto G masculino. Ahí es cuando dicen que se siente realmente bien (en caso de que tus conocimientos de anatomía masculina necesiten ser refrescados, la uretra araviesa la próstata en su camino hacia la vejiga; este área es llamada la uretra prostática).

Hay un montón de malentendidos en cuanto al sounding. "La mayoría de la gente piensa que duele, pero no es así -si sabes qué estás haciendo", explica Cory B., educadora sexual que ha sondado hombres en unas diez ocasiones. "No tiene por qué ser algo masoquista o necesariamente excéntrico, de hecho he llevado a cabo el sounding en sesiones suaves" (en un marco morboso, una sesión es cualquier actividad sexual donde las partes han debatido previamente qué quieren y qué no quieren llevar a cabo).

¿Cuáles son los riesgos del sounding?

Hay, por supuesto, algunos riesgos con el sounding incluyendo infección bacteriana si la varilla no ha sido adecuadamente esterilizada. Otros peligros incluyen desgarro o incluso perforaciones en el tejido uretral, que pueden derivar en daños permanentes.

Hemos entrevistado a unos cuantos hombres relacionados con el sounding a fin de entender mejor cómo un chico llega a encontrarse a sí mismo insertándose una varilla dentro del pene, junto con cómo, exactamente, esta sensación extraña se siente. 


-¿Cómo supiste del sounding?

Tony: Para ser honesto, no estoy seguro de dónde escuché sobre el sounding por primera vez. Estando metido en el mundo del BDSM y de los fetiches desde mi adolescencia, que era el porno sobre el que rondaba, fue probablemente en una web de tal temática.

Alex: Me inicié en este morbo hace unos seis años. Comencé despacio, como "vainilla", hasta hace unos tres años, cuando las cosas comenzaron a subir de nivel, sin embargo había una larga lista de prácticas que no tenían sentido para mí. El sounding era una de ellas.

 

-¿Por qué te decidiste a probarlo?

Tony: Siempre he estado interesado en experimentar diferentes fetiches y prácticas sexuales. Era algo que había visto; parecía interesante y quise intentarlo. Había llevado a cabo una sesión con una dominatriz llamada Mz. Berlin. Sabía que ella tenía un poco de experiencia con el sounding, así que tras la sesión, le pregunté si estaría dispuesta a sondarme, y me dijo que sí.

Alex: Actualmente pertenezco a una dominatriz (significa que Alex es el sumiso en una BDSM relación donde tiene que hacer todo lo que su dueño, una dominatriz, le pide). Un día estábamos discutiendo sobre que debíamos incluir en la siguiente sesión, y le dije que debía llevar a cabo todo lo que ella quisiera. Me contestó, "me encanta sondar hombres". Lo busqué. Me horroricé cuando lo encontré en Google.

Jacques: La primera vez fui sondado por mi esposa -la mujer con la que estábamos jugando le enseñó cómo. Me vendó los ojos porque decían que mirar podía producir shock en algunos hombres, pero ahora prefiero verlo.

 

-¿Tuviste miedo la primera vez?

Tony: No. Berlin era una jugadora con mucha experiencia. Sabía que ella conocía lo que estaba haciendo, y lo estuvimos llevando a cabo tras nuestra sesión, así que todo fue muy relajado.

Alex: Ten por seguro que tenía miedo. No por las sensaciones, sino por acabar con algún daño permanente.

Jacques: Estaba un poco asustado al principio.

 

-¿Qué es lo que te gusta del sounding?

Tony: Me gusta la intimidad. Me encanta la expresión que refleja la cara de una mujer cuando ve por primera vez mi polla tragando una brillante varilla metálica. Y me gusta el desafío - ¿cuánto puedo tragar?

Alex: Nada en particular sobre la sensación real. De hecho, es bastante suave comparada con otras sensaciones. Me produjo picor cuando fue llevado a cabo mediante electroestimulación. En términos psicológicos, me gusta entregarme a mi dueña. Me gusta el rol inverso que conlleva el que me folle. Me está metiendo algo dentro, en vez de ser yo quien le mete el pene a ella.

Jacques: Me gusta la sensación producida dentro de la uretra. Esos nervios nunca han sido tocados y parece sentirse dentro un pequeño cosquilleo orgásmico. Si llega a la próstata, es especialmente placentero, y llego al orgasmo. Aunque sea sin eyaculación. Me encanta también la atención puesta en mi polla.

 

-¿Cómo se siente?

Tony: Bien hecho, se siente como me imagino que debe sentirse una mujer siendo follada -sintiendo la palanca entrando y saliendo.

Alex: Para mí, no es tan intenso como una sensación física. No estoy seguro si otras personas lo experimentan de forma diferente. Es un poco como si te acariciasen el pene, pero por dentro.

Jacques: No duele, pero es extrañamente placentero. Un consejo: no temas una vez dentro, incluso aunque estés asustado. Mantén la calma y hazlo todo despacio.

 

-¿Algo más que te gustaría añadir?

Tony: No tengas miedo. Si es algo que te gustaría probar, ¡adelante! Encuentra una dominatriz profesional o un jugador con experiencia y experiméntalo por ti mismo. Sobre todo, ¡disfrútalo!

Alex: Para mí, forma parte del BDSM buscar sensaciones salvajes que paren la parte demasiado analítica de mi mente. Busco el equivalente morboso de un "estado zen". Uno de los más alto objetivos para un sumiso es entrar en un "subespacio", donde existes sin ego, estando en todo momento presente. Es fabuloso. Es espiritual. Es trascendental. El sounding es un posible colaborador a la hora de lograr alcanzar ese subespacio.

lunes, 2 de agosto de 2021

John Thomas habla sobre el sounding

 

John Thomas está considerado uno de los mejores actores del porno gay del momento. De hecho, ha sido recientemente galardonado como mejor pasivo en los premios Grabbys Europe de 2.021. Y no es para menos: las dotes para el porno de este británico bien se lo merecen. En cualquiera de sus trabajos podríamos comprobarlo. Ya sea a través de alguna de sus películas, o bien descubriéndolo gracias a los vídeos que él mismo graba para su canal de JustFor.Fans, donde se exhibe sin pudor en todas las prácticas y técnicas que le apasionan. Una de ellas, por suerte para los amantes el sounding, es la follada de su rabo.

Tiempo atrás, en mayo del pasado año, pudimos verle en el blog logrando insertarse dos dilatadores a la par dentro de su cipote:

 https://soundingometersecosasporlapolla.blogspot.com/2020/05/encuentros-en-la-uretra.html

Hoy, además de poder disfrutarle de nuevo en acción, conoceremos su opinión sobre el sounding gracias a una entrevista otorgada al director y también actor porno Paul Stag a través de la web Alphatribe. Una oportunidad única para conocer más que la opinión de un profesional sobre esta técnica, su conexión pasional con la misma. ¡No os la perdáis!

“I love sounding. I first starting experimenting with putting things in my dick when I was starting puberty (but I don’t recommend using anything not designed to go down there!) I bought my first sounding kit probably about 6 years ago. They were a set of six Hegar sounds (mostly straight but with a very slight curve) ranging in diameter from 6mm to 11mm – I thought I’d have to spend a lot of time working my way up, but in my first play session was able to progress smoothly to the largest sound! I’d been advised on the importance of hygiene and making sure the sounds are sterile. The other really helpful tip I was given was to allow gravity to do the work, rather than pushing the sound in. And I really agree with this! However as I got used to these sounds I started to fuck myself with them."

“About a year ago I bought my second set of sounds. These are Van Buren and are much longer, and have a large curve (almost like a hook). These are sized 18-32 (which I guess is the French Urological sizing). They take more care to insert as a result of their shape, but once in I love the feeling of being solidly penetrated by metal deep inside me. They then hold your dick in place, making for a great masturbation experience, wanking your cock up and down the metal shaft. I think these sounds are great, but definitely not for a beginner."

“Other sounds I’ve experimented with are a hollow sound with ball texture – this is a very different sensation to a smooth sound, and I found the sensation pretty extreme. I’ve also used vibrating silicone sounds. These were really cool! I ended up with two stuffed down my cock at once, both tickling the inside of my dick in different rhythms.”

“I thinking the reason sounding turns me on so much, is that as, a pretty submissive bottom, I love the idea of turning my dick into another hole that can be penetrated. If the thought of that turns you on, then you should definitely try it.”

"Me encanta el sounding. Comencé a experimentar metiendo cosas en mi polla cuando estaba empezando la pubertad (¡pero no recomiendo usar nada que no esté diseñado para bajar por ahí!). Me compré mi primer kit de sounding hará unos seis años. Era un set de seis dilatadores del tipo Hegar (mayoritariamente rectos pero con una ligera curvatura), con diámetros desde los 6 mm a los 11 mm: creía que tardaría un montón de tiempo en progresar, ¡pero en mi primera sesión ya fui capaz de pasar tranquilamente al dilatador más grande! Me habían avisado sobre la importancia de la higiene, y del asegurarme que los dilatadores estuvieran esterilizados. El otro consejo realmente útil que me dieron era permitir que la gravedad hiciera su trabajo, en vez de presionar el dilatador. ¡Y realmente estoy de acuerdo con esto! Sin embargo, según me iba acostumbrado a estos dilatadores, comencé a follarme el rabo con ellos."

 "Hace aproximadamente un año me compré mi segundo set de dilatadores. Son del tipo Van Buren y son muchos más largos, presentando una gran curvatura (casi como un gancho). Son del tamaño 18-32 (que supongo es la talla urológica francesa). Hay que tener más cuidado al insertarlos debido a su forma, pero una vez dentro me encanta la sensación de ser sólidamente penetrado por el metal en lo más profundo de mí. Entonces sostienen la polla en su lugar, creando una gran experiencia masturbatoria, masturbando tu verga arriba y abajo sobre el eje metálico. Creo que estos dilatadores son geniales, pero definitivamente no para principiantes."

 "Otras sondas con las que he experimentado son un dilatador hueco con textura de bolas: la sensación producidoa es muy diferente a la otorgada por un dilatador liso; encontré la sensación bastante extrema. También he usado sondas vibrantes de silicona. ¡Fueron realmente geniales! Terminé con dos metidas a la vez en mi polla, haciéndome ambas cosquillas en el interior de mi verga a diferentes ritmos."

"Creo que la razón por la cual el sounding me excita tanto, es que, como pasivo muy sumiso, me encanta la idea de convertir mi polla en otro agujero que pueda ser penetrado. Si la idea te excita, definitivamente deberías probarlo."

lunes, 1 de marzo de 2021

Michael Thomsen nos habla del sounding

 

Michael Thomsen es escritor. Reside en Nueva York (USA), y sus trabajos han aparecido en multitud de periódicos y revistas, desde The New Yorker a Men´s Health. Es también autor del libro "Levitate the Primates: Handjobs, Internet Dating, and Other Issues for Men": una obra de temática sexual donde aborda sus propias experiencias en este campo tan polémico, aplaudida por revistas literarias tales como The Atlantic o The Millions. Michael no tiene tapujos a la hora de hablarnos de su visión de la sexualidad, configurada fundamentalmente en base a sus vivencias personales. Curiosamente, entre las prácticas que el escritor llevase a cabo tiempo atrás, se encontraba el sounding. Por suerte para los amantes de las folladas de verga, ha querido hablar también del peso que esta técnica tuvo en él. Un artículo muy ilustrativo que no podía faltar en el blog, ofreciéndooslo en su versión original, en inglés, aportando a la par una libre traducción al castellano para facilitaros su lectura y comprensión a los que no estéis familizarizados con la lengua heredera del anglosajón. Un texto recomendado que seguro que os ayudará a ampliar vuestra visión del sounding. Siempre viene bien conocer otros puntos de vista diversos al nuestro. Espero que os guste :)

Sensible Sounding: Why I Inserted a Metal Rod into My Penis on Purpose

I have my reasons.

Sex was once, to me, a superstition. It was something I heard about from schoolyard friends who’d never done it or from parents who claimed to be explaining it in a responsibly sober way. It was something I caught in stolen glimpses of nakedness in bad movies, and it was there in the nonsensical syrup of sitcom romances and in the soap-opera fatalism of every pop song I fell for. Taken all together, these fragments left me with the uncanny understanding of how sex should be, before I ever thought I was capable of experiencing it. When I finally began having my own sexual experiences that adolescent mysticism lingered on, and left me feeling like I was missing something even while there was nothing specifically displeasing about any particular encounter.

For a while, I began to wonder if something in my penis and its stupid tripwire emissions system was preventing me from climbing the ecstatic ladder into the stars. Whenever a partner rolled her head in pleasure or grabbed a fistful of bed sheet while arcing her pelvis upward, I wondered why my own arousal never made me do any of that. Sex inspired in me a suspicion that there were even better forms of it that I would have to travel outside of myself to discover. Which is how I came to be sitting in my bedroom one night, sliding a long metal tube into my penis.

Urethral sounding rods are a relatively obscure and intimidating member of the sex toy family, usually a long, slender metal cylinder meant to slide into the urethra to create a pleasing dilation effect. Sizes range from 4 to 17 millimeters in circumference, though there is some variation. The rods come in a variety of shapes — some have a gentle S-shaped curve, while others have large cylindrical dumbbells on their tips. Some come with flat, rectangular ends, some have repeating spherical ridges, and the most intimidating have severe fishhook curves.

It’s hard to trace the exact origins of the rod, but the practice of urethral sounding has a varied history across many cultures. According to Robert Lawrence, a health educator and board member of the Center for Sex & Culture in San Francisco, there is evidence that court physicians in ancient China used a tube inserted in their penis to sip liquid as a way of proving their ability and medical knowledge. In ancient Rome, catheters, tubes, and probes were used to explore the bladder and remove adhesions and calculi from various ducts and orifices. In the last century, however, the practice of sounding for pleasure seems to have become increasingly common, with examples of men having used everything from pens to knitting needles.

The tissue in the urethra is embryologically the same as the labia minora, and it’s filled with sensitive nerve endings all the way down. Just moving a smooth, well-lubricated object along these tissues can be pleasurable, but there are deeper wonders to be touched in sounding. The urethra is divided into four parts that connect the bladder to head of one’s penis, the last of which runs directly through the prostate, a sensitive organ that’s central to the ejaculatory spasms men experience during orgasm. Sudden dilation of the prostatic urethra can trigger ejaculation and the enlivening sensations that accompany it.

Unlike more recognizable sex toys, sounding rods have a high degree of daredevilry attached to them and shouldn’t be used without serious care and preparation. The sensitivity of the urethral walls means that they’re also tremendously delicate, making them vulnerable to tearing or puncture. The urethra’s depth and narrowness make it especially vulnerable to infection from outside bacteria, which is exactly what’s at risk when inserting foreign objects into it.

Sterilizing the sound before each and every use is of utmost importance, which is easiest to do by boiling it in water for 30 minutes. Sounders should also take care to wash their hands and penis and make sure not to touch anything that hasn’t been washed before insertion. Many people suggest drinking a glass of cranberry juice just before you begin, which helps to naturally inhibit bacteria growth in the urinary tract. Similarly, only bacteriastatic surgical lube should be used with sounding rods, adding one last layer of protection against possible bacteria being introduced into the urethra. After use, the sound should be thoroughly washed to prevent rust or other kinds of buildup, and the person using it should urinate to flush out the urethra.

When I began to think about trying a sounding rod, most of my male friends recoiled in horror, either overwhelmed by the thought of ruining their penises or flashing back to the painful chlamydia-testing chore of inserting a Q-tip into the urethra and twisting it to obtain a lab sample. The scattered available information seemed to affirm the practice as recklessly deviant, associating the very impulse with mental imbalance. One survey of more than 2000 men found that the roughly 10 percent who performed urethral sounding also reported higher STI rates. Another study, from the University of South Florida tracked instances of patients visiting the hospital with “foreign bodies”inserted in their urethras — including a ballpoint pen housing and a bundle of speaker wires  — and noted that all the patients had been diagnosed with schizophrenia.

These fragments are spooky and prejudicial, using loose correlation between a specific act and broad-sweeping lifestyle habits to create the aura of taboo while ignoring the pre-existing biases that make the stimulation of one’s variously located nerve endings seem irrational. But they did make it easy to be afraid. “Now Why Would You Do That?”the subtitle of one study asked, as if the direct answer —“It felt good?”— couldn’t possibly justify the downsides. These superstitious forebodings are surprisingly omnipresent when you start to wander off the normative path in any one direction. In my neighborhood in Manhattan, there are a number of sex-toy shops and peep show venues, but the thick black curtains hung across the front doors and the intimidating “NO MINORS” signs create a sense of a world of endangerment, where pastimes ensure perils. These shops always seem to be one step away from bankruptcy, their crooked shelves and cramped aisles one police siren away from abandonment.

As I started shopping, I noticed that every sounding rod on display was alarmingly large. Even the smallest, slightly larger than a pencil, looked like something that would be impossible to get into my urethra without some serious stretching. I asked the clerk if they had any smaller ones that might be more approachable for a beginner. It’s a better deal to buy whole sets, he told me, and it’s actually safer to start with a rod a few steps up from the smallest size; in unexperienced hands, the most slender rods can apparently slide and slip around, making them riskier for potential tears or punctures. The thicker ones not only stay in place, but discourage the user from moving too quickly. Intellectually, that all made sense, but the calming advice evaporated when I looked back down on the rods. Never before had five centimeters seemed like such an impossible sum. Even so, I plucked the smallest from among those gleaming torpedoes and took it home with some surgical lube in one of those thin, black plastic bags that only ever seem to come from the liquor store or the sex shop.

Using the sounding rod for the first time reminded me of the first time I masturbated. I wasn’t sure what I was doing then either, but some collusion of instinct and mimicry of a joking motion I’d used with my school friends combined into an unstoppable need, and a minute later, a dizzying warmth broke through my body. I remember having the thought that I had manipulated my body into doing something it shouldn’t have been made to do. The translucent glob of grey seeping into my bedroom carpet was a symptom of something haven been broken inside me, in the same way a pool of liquid beneath a car in the garage is a sign of something starting to fall apart.

As I waited for the pot of boiling war to sterilize the rod, it felt like I was preparing for another breaking of something. There was some foggy outline of dogma as I thought my way through all the steps I’d go through to avoid cross-contamination. My right hand would hold the rod and touch nothing else, while my left hand would do all the other work: squeeze out lube, lift the lid off the boiling pot of water, open and close my bedroom door, bring up sex videos on my laptop. It took close to an hour to set everything in place. Everything I did while waiting took on a vesper-like quality of contemplation.

When I finally closed my bedroom door and held the rod in my hand, an over-abundance of clear lube clotting around its narrowest half, I thought for a moment about the fact that I was now going to be fucked by a purely machined object. Most of the sex toys I’d known were fetishized reflections of another human body in some abstract way. Dildos and Fleshlights were direct analogs of genitalia, while cock rings and vibrators evoked in some distant way the intensified gestures another person might do to you. But I was on my own with the rod — there was no fantasy of an idyllic shadow lover when I felt the metal spread open my penis. There was no pantomime of acting out love for any other body. There was no projecting; I was alone with a piece of metal.

Though not necessary, I decided it would be easiest to start if I had an erection. The rod went in softly and smoothly, the widening of those frightful five centimeters were easily within the elastic capacity of my precious little opening (which had looked like a gaping, eyeless alien mouth as I stared down on it). There was no pain, but neither was there any significant pleasure. The only feeling I was conscious of was the unbendable hardness of the metal rod, and a thick, slow-moving wetness somewhere inside me. I slid it down a half-inch, and then a full inch. Everything went incredibly slowly. It was almost like the opposite of sex, with its colliding surfaces and rhythmic incantations. Lowering the sounding rod was strangely meditative, requiring intense focus on a matter of centimeters, mostly motionless, waiting for the unseen iris to open a little further down before sliding it further in. I had never been touched so deeply, and I began to feel something like a burning sensation, a common side effect for first experiences. It was a weak and distant feeling, and I soon realized it was not burning, really, but my brain straining to process touch sensations from a part of my body that had no memory of being touched with mnemonic approximation.

I went in as deep as I dared — about three inches — as a video of people having sex in a disco ran on my laptop beside me. When I’ve gone as far as I can with the rod, I pull it out and then put it back in, pressing a little deeper. I rock it in and out, gently, but still worried I’ll break something inside. I pull it out again, place it on the towel, and masturbate to the people in the porn movie. Eventually, I came.

I spent the following days in a persistent obsession with the sounding rod. In many ways, the feeling had been so clinical and alien it veered toward anti-ecstasy. But something had been inside me and all I could feel now was the new incompleteness it had left. I wanted to be touched again on the inside, but every time that thought came up, it was accompanied by the dissuasive memory of how much time and care had to be spent on preparations, for an experience that was mostly just dangerous waiting.

I began to think of how it is that whenever I come with someone else, the first thing that goes through my mind is, “I’m sorry.” I’m familiar enough with this neurosis to barely even acknowledge it anymore, but it’s always there. I’ll have come too soon, or too quietly, or without enough advance notice, or before having time to switch positions as I had meant to. I’m thousands of experimental variations removed from that first moment of touching myself in my adolescent bedroom, but the instinctive thought of breaking, buried beneath a mound of adult over-complication, is still there. The wonder of endorphins and the sweetly salted salubrity of another body beside me feel like distractions from the fact that my ejaculations are always disruptions of a properly functioning encounter, breaks in a momentarily completed circuit, and the rush of pleasure that accompanied them is dim compensation for having been thrown from the horse, suddenly stranded on a broken-down subway in between stations.

If ecstasy is something that breaks, the sounding rod is its prolongation, an instrument that made it seem possible to feel pleasure as an act of receiving, a welcoming in and not a falling out. I couldn’t stop thinking about it. It was the furthest thing from an orgasm — or, rather, it was the inverted image of it, the unmoving awareness that every inch of outer body has an inner life. Once I felt that for myself, I couldn’t think about anything else. And strangely enough, that kept me in a needful heat, which only became more encompassing the longer I went without it. And it was just that feeling I had always expected to find in sex. And once I found it, the only thing left was to go back and find it again. Maybe next time there’ll actually be another person in the room.

Sounding con cabeza: Por qué inserté una varilla de metal en mi pene a propósito

Tengo mis razones.

El sexo fue una vez, para mí, una superstición. Era algo de lo que oía hablar a los amigos del patio del colegio que nunca lo habían practicado o de padres que decían estar explicándolo de una manera responsable y seria. Era algo que captaba a través de destellos de desnudez robados de malas películas, y allí estaba en el absurdo almíbar de los romances de comedias de enredos y en el fatalismo de telenovela de cada canción pop de la que me enamoraba. Todo junto, estos fragmentos me dejaron con el misterio de cómo debería ser el sexo, antes incluso de que pensara que fuera capaz de experimentarlo. Cuando finalmente comencé a tener mis propias experiencias sexuales, el misticismo adolescente persistió, quedándome con la sensación de que me estaba perdiendo algo incluso cuando no se había dado nada específicamente desagradable en ningún encuentro en particular.

Por un momento, comencé a preguntarme si algo en mi pene y su estúpido sistema de emisiones de cables trampa estaban impidiéndome ascender por la escalera del éxtasis hacia las estrellas. Cada vez que una pareja giraba su cabeza de placer o agarraba un puñado de sábanas mientras movía su pelvis, me preguntaba por qué mi propia excitación nunca me había llevado a hacer nada igual. El sexo me inspiró la sospecha de que había formas aun mejores del mismo que tendría que viajar fuera de mí mismo para poder descubrir. Así es como llegué a estar sentado una noche en mi dormitorio, deslizando un largo tubo metálico dentro de mi pene.

Las varillas para el sondaje uretral son un relativamente oscuro e intimidante miembro de la familia de los juguetes sexuales, generalmente un largo y fino cilindro metálico destinado a deslizarse dentro de la uretra con el fin de crear un placentero efecto de dilatación. Los tamaños varían desde los 4 a los 17 milímetros de circunferencia, aunque hay algunas variaciones. Las varillas vienen en una variedad de formas: algunas presentan una suave curva en forma de S, mientras otras tienen alargadas pesas cilíndricas en la punta. Algunas vienen con extremos planos y rectangulares, otras tienen repetidas crestas esféricas, y las más intimidantes presentan severas curvas de anzuelo.

Es difícl rastrear los orígenes exactos de esta varilla, pero la práctica del sondaje uretral tiene una historia variada a través de muchas culturas. Según Robert Lawrence, un educador en salud y miembro de la junta del Centro para el Sexo y la Cultura de San Francisco, hay evidencia de que los médicos de la corte en la antigua China usaban un tubo insertado en sus penes para absorber líquido como forma de probar su habilidad y conocimiento médico. En la antigua Roma, catéteres, tubos y sondas eras usados para explorar la vejiga y eliminar adherencias y cálculos formados en varios conductos y orificios. En el último siglo, sin embargo, la práctica del sondaje por placer parece haberse vuelto cada vez más común, con ejemplos de hombres que han usado de todo, desde bolígrafos hasta agujas de tejer.

El tejido de la uretra es embriológicamente igual al de los labios menores, y está lleno de sensibles terminaciones nerviosas hasta su final. Simplemente el mover un suave y bien lubricado objeto a lo largo de estos tejidos, puede resultar placentero, pero hay maravillas más profundas que alcanzar con el sounding. La uretra está dividia en cuatro secciones que conectan la vejiga con la cabeza del pene, atravesando la última de ellas directamente la próstata, un órgano sensible que es fundamental en los espasmos eyaculatorios que los hombres experimentan durante el orgasmo. La dilatación repentina de la uretra prostática puede desencadenar la eyaculación y las vivificantes sensaciones que la acompañan.

A diferencia de los juguetes sexuales más reconocibles, las varillas para sounding conllevan un alto grado de riesgo y no deben usarse sin una preparación y cuidado serios. La sensibilidad de las paredes uretrales avisan de su tremenda delicadeza, haciéndolas vulnerables a desgarros o perforaciones. La profundidad y estrechez de la uretra la convierten especialmente en frágil ante las infecciones causadas por bacterias externas, que es exactamente lo que está en riesgo cuando insertas objetos extraños dentro de ella.

Esterilizar la sonda antes de cada uso es de máxima importancia, lo que es más fácil de conseguir si la hervimos en agua durante 30 minutos. Los sonderos deben también tener cuidado lavándose las manos y el pene, y asegurándose de no tocar nada que no haya sido lavado previamente a la inserción. Hay muchas personas que sugieren beber un vaso de zumo de arándano antes de comenzar, lo cual ayuda a inhibir naturalmente el crecimiento de bacterias en el tracto urinario. Del mismo modo, sólo debe usarse lubricante quirúrgico bacteriostático con las varillas sonderas, añadiendo una última capa de protección contra la posible introducción de bacterias dentro de la uretra. Después de usar, la sonda debe ser lavada a fondo para prevenir la oxidación u otro tipo de acumulación, y la persona que la ha usado debe orinar a fin de enjuagar la uretra.

Cuando comencé a valorar el probar una varilla para sounding, la mayoría de mis amigos retrocedieron horrorizados, tanto abrumados por la idea de arruinar sus penes como por tener que volver a la tarea del doloroso test  para la clamidia y la inserción y agitación de un hisopo dentro de la uretra a fin de obtener una muestra de laboratorio. La dispersa información disponible parecía confirmar esta práctica como imprudentemente desviada, asociando el mismo impulso con el desquilibrio mental. Una encuesta realizada a más de 2000 hombres desveló que aproximadamente el 10 % de aquéllos que habían llevado a cabo sondeo uretral, habían también dado cuenta de más altas tasas de ITS. Otro estudio, de la Universidad del Sur de Florida, rastreó casos de pacientes que habían visitado el hospital por tener "cuerpos extraños" insertados dentro de sus uretras -incluida la carcasa de un bolígrafo y un manojo de auriculares- señalando que todos los pacientes habían sido diagnosticados con esquizofrenia.

Estos artículos son escalofriantes y perjudiciales, al usar una correlación débil entre un acto específico y amplios hábitos de vida a fin de crear un aura de tabú mientras se ignoran los prejuicios preexistentes que hacen que la estimulación de unas localizadas terminaciones nerviosas parezca irracional. Pero hicieron que fuera fácil tener miedo. "Ahora, ¿por qué lo harías?", pregunta el subtítulo de un estudio, como si la respuesta directa -"¿Se sintió bien?"- no pudiera posiblemente justificar las desventajas. Estos presentimientos supersticiosos son sorprendentemente omnipresentes cuando comienzas a desviarte del camino normativo en cualquier otra dirección. En mi vecindario de Manhattan, hay varias tiendas de juguetes sexuales y locales de peepshow (espectáculos pornoexhibicionistas), pero las gruesas cortinas negras colgando sobre las puertas de entrada y los intimidatorios carteles de "NO MENORES" generan una sensación de estar ante un mundo de riesgos, donde los pasatiempos aseguran peligros. Estas tiendas siempre parecen estar a un paso de la bancarrota, con sus estantes torcidos y sus estrechos pasillos a una sirena de policía del abandono.

Cuando comencé a comprar, me di cuenta de que cada varilla para sounding expuesta era alarmantemente grande. Incluso la más pequeña, algo más amplia que un lápiz, parecía algo que sería imposible de introducir en mi uretra sin una dilatación seria. Le pregunté al empleado si tenían algunos más pequeños que pudieran ser más apropiados para un principiante. Es mejor adquirir un juego completo, me dijo, y de hecho es más seguro comenzar con una varilla algo superior al tamaño más pequeño; en manos inexpertas, las varillas más finas pueden aparentemente deslizarse y escurrirse, convirtiéndolas en más peligrosas ante posibles desgarros o pinchazos. Los más gruesos no sólo permanecen en su lugar, sino que además disuaden al usuario de moverla demasiado rápido. Intelectualmente, todo aquello tenía sentido, pero el consejo tranquilizador se evaporó cuando volví a mirar las varillas. Nunca antes cinco centímetros me habían parecido una medida tan imposible. Incluso así, cogí el más pequeño entre aquellos relucientes torpedos y me lo llevé a casa con un poco de lubricante quirúrgico en una de esas finas bolsas de plástico negro que sólo parecen provenir de la licorería o del sex-shop.

Usar la varilla para sounding por primera vez me hizo recordar la primera vez que me masturbé. No estaba tampoco seguro entonces de lo que estaba haciendo, pero una confabulación entre instinto y el mimetismo del movimiento de broma que usaba con mis amigos de la escuela se combinó en una imparable necesidad, y un minuto más tarde, un calor vertiginoso atravesó mi cuerpo. Recuerdo haber pensado que había manipulado mi cuerpo a fin de que hiciera algo que no debería haber hecho. La traslúcida burbuja gris rezumando en la alfombra de mi habitación era síntoma de que algo se había roto dentro de mí, de la misma manera que un charco de líquido debajo de un coche en el garaje es señal de que algo comienza a fallar.

Mientras esperaba que la olla con agua hirviendo esterilizara la varilla, sentí como si me estuviera preparando para romper otra cosa. Había un confuso esquema de dogma mientras pensaba en todos los pasos que daría a fin de evitar la contaminación cruzada. Mi mano derecha sostendría la varilla sin tocar nada más, mientras mi mano izquierda haría el resto del trabajo: exprimir el lubricante, levantar la tapa de la olla de agua hirviendo, abrir y cerrar la puerta de mi habitación, poner vídeos porno en mi portátil. Me llevó cerca de una hora poner todo en su lugar. Todo lo que hice mientras esperaba adquiriró la calidad de contemplación de víspera.

Cuando finalmente cerré la puerta de mi habitación y sostuve la varilla en mi mano, con abundante lubricante transparente cubriendo su mitad más estrecha, pensé por un momento en el hecho de que iba a ser en ese momento follado por un puro objeto mecanizado. La mayoría de los juguetes sexuales que conocía eran reflejos fetichizados de otro cuerpo humano de alguna manera abstracta. Dildos y fleshlights eran análogos directos de los genitales, mientras que los cock rings y vibradores evocaban de alguna manera los gestos intensificados que otra persona podía hacerte. Pero estaba yo solo con la varilla: no existía la fantasía de algún idílico amante de las sombras cuando sentí el metal abriéndose paso en mi pene. No se daba la pantomima de manifestar amor por ningún otro cuerpo. No había proyección; estaba solo con una pieza de metal.

Aunque no era necesario, decidí que sería más fácil comenzar si tenía una erección. La varilla entró suavemente, la anchura de aquellos espantosos cinco centímetros encajaba fácilmente dentro de la capacidad elástica de mi querida pequeña abertura (que había parecido una enorme boca de alienígena sin ojos mientras la miraba). No hubo dolor, pero tampoco ningún placer significativo. El único sentimiento del que era consciente era la dureza inflexible de la varilla metálica, y una espesa y lenta humedad en algún sitio dentro de mí. Lo deslicé media pulgada, hasta la pulgada completa. Todo iba increiblemente lento. Era casi como lo contrario al sexo, con sus superficies chocándose y encantamientos rítmicos. Introducir la varilla para sounding fue extrañamente meditativo, requiriendo un intenso enfoque en una cuestión de centímetros, mayormente inmóvil, esperando que el invisible iris se abriese un poco más abajo antes de deslizarlo más adentro. Nunca me habían tocado tan profundamente, y comencé a sentir algo así como una ardiente sensación, un común efecto secundario durante las primeras experiencias. Era una sensación débil y distante, y pronto me di cuenta de que no era ardor, en realidad, sino mi cerebro esforzándose por procesar las sensaciones táctiles de una parte de mi cuerpo que no recordaba haber sido tocada con una aproximación mnemotécnica.

Entré tan profundo como pude -unas tres pulgadas (más de siete centímetros)- mientras un vídeo de personas teniendo sexo en una disco se reproducía en mi portátil junto a mí. Cuando he llegado lo más lejos que puedo con la varilla, la saco y la vuelvo a meter, presionando un poco más. La meto y saco, suavemente, pero aún preocupado por si rompo algo dentro. Lo saco de nuevo, lo pongo en la toalla, y me masturbo con la gente de la película porno. Finalmente, me corro.

Pasé los siguientes días en una persistente obsesión por la varilla de sounding. En muchos sentidos, el sentimiento había sido tan clínico y extraño que se desvió hacia el antiéxtasis. Pero algo había estado dentro de mí y todo lo que podía sentir ahora era el nuevo vacío que había dejado. Quería ser tocado de nuevo en mi interior, pero cada vez que surgía ese pensamiento, venía acompañado del recuerdo disuasorio sobre cuánto tiempo y cuidado había que dedicarle a los preparativos, para una experiencia que mayormente era una espera peligrosa.

Comencé a pensar en cómo es que cada vez que me corro con alguien más, lo primero que viene a mi mente es "lo siento". Estoy lo suficientemente familiarizado con esta neurosis como para apenas reconocerla,  pero siempre está ahí. Me habré corrido demasiado pronto, o demasiado tranquilo, o sin avisar con suficiente antelación, o antes de tener tiempo de cambiarme a la posición que tenía en mente. Tengo miles de variaciones experimentales sacadas de ese primer momento en que me toqué en mi dormitorio de adolescente, pero el pensamiento instintivo de romperme, enterrado bajo un montón de sobrecomplicaciones adultas, sigue ahí. La maravilla de las endorfinas y la dulce y salada salubridad de otro cuerpo junto a mí me distraen del hecho de que mis eyaculaciones son siempre interrupciones en un encuentro que funciona correctamente, rupturas en un circuito momentaneamente completado, y la ráfaga de placer que las acompaña es una tenue compensación por haber sido arrojado del caballo, repentinamente encallado en un metro averiado entre estaciones.

Si el éxtasis es algo que rompe, la varilla para sounding es su prolongación, un instrumento que permite que parezca posible sentir placer como un acto de acogida, de bienvenida frente a un desencuentro. No podía parar de pensar en eso. Era lo más alejado de un orgasmo: o, más bien, la imagen invertida del mismo, la inmóvil conciencia de que cada pulgada de un cuerpo extraño tenía una vida interior. Una vez que sentí eso por mí mismo, no podía pensar en nada más. Y por extraño que parezca, me mantuvo en un calor necesario, que se volvía más abarcador cuanto más tiempo pasaba sin él. Y era justo ese sentimiento el que siempre había esperado encontrar en el sexo. Y una vez encontrado, lo único que faltaba era regresar y encontrarlo de nuevo. Quizás la próxima vez haya otra persona en la habitación.
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