Sounding o el arte de meterse cosas por la polla

Sounding o el arte de meterse cosas por la polla
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miércoles, 26 de febrero de 2025

Hablemos del sounding: Guía para principiantes, en la web de PeC

 
¡Saludos, morbosetes y amantes del sounding! Como no podía ser de otra forma, mi primera aportación a la web de PeC (pajasentrecolegas) ha consistido en una breve guía para principiantes sobre sounding. Combinando la teoría ofrecida a través de las lecciones sobre sounding del blog, y bajo supervisión de mi colega sondero Alcub, esta guía pretende acercar de manera básica y amena a todos los visitantes de PeC esta técnica masturbatoria tan especial, intentando así disolver miedos, eliminar tabúes, y, sobre todo, ofrecer luz ante el desconocimiento existente sobre la misma. Materiales, lubricación, anatomía, técnica... Todo lo necesario para que los principiantes en el sounding puedan guiarse a través del mundo de las folladas de rabo.

Además de dejaros el enlace al artículo dispuesto en la web de PeC, he querido incluir seguidamente todo el texto, para que así, aquellos seguidores del blog que quieran disponer resumidamente de una guía básica sobre uretralismo peneano, puedan disponer fácilmente de ella. Espero que os guste, y, sobre todo, que os sirva para ilustraros sobre esta técnica que a los sonderos tanto nos apasiona ;)


HABLEMOS DEL SOUNDING:
breve guía para principiantes del arte de meterse cosas por la polla

“Pero, ¿qué dices? ¿Estás loco?” No sé si habréis oído esto alguna vez. Yo ya me cansé de contar las veces que me lo soltaban. Y es que, cuando comentas a otros tíos que te mola meterte cosas por la polla, es lo que muchos, rápidamente, automáticamente, se lanzan a decir. Al principio era algo que me indignaba. Hoy en día, simplemente, hago como con todos aquellos que igualmente sueltan, cuando de la estimulación anal masculina se trata, que a ellos no les entra por el ano “ni el pelo de una gamba”: pienso, sencillamente, “ellos se lo pierden”.

Si con la estimulación anal masculina siguen dándose muchos prejuicios, con el sounding lo que existe en un gran desconocimiento y una descomunal desinformación. Sin embargo, ambas prácticas responden a una realidad. En el caso de la estimulación anal, al hecho de localizarse el punto G masculino dentro del ano. En el del sounding, a la posibilidad de poder obtener placer masturbatorio a través de la frotación del pene no sólo por su exterior, sino también por su interior.

El sounding, urethral play, o formalmente uretralismo en castellano, es, efectivamente, la obtención de placer sexual a través de la estimulación de la uretra. Puede darse tanto en hombres como en mujeres, si bien nosotros nos vamos a centrar exclusivamente en el sounding peneano. ¿Por qué introducirse objetos dentro del pene para poder obtener placer? Al contrario de lo que la mayoría piensa, el mayor número de terminaciones nerviosas fálicas no se ubican en el glande, ni en el frenillo, ni en cualquier otro punto externo del pene. Éstas se concentran mayoritariamente en las paredes de la uretra. Este hecho anatómico responde a una necesidad corporal: al ser la uretra uno de los conductos que conecta el interior del cuerpo con el mundo exterior, está recubierta de un gran número de terminaciones nerviosas diseñadas para percibir todo lo que pudiera adentrarse por tal canal. Esta enorme sensibilidad es lo que muchos identifican inmediatamente con molestia, o con dolor. Sin embargo, ni tiene por qué ser molesta, ni dolorosa. Por el contrario, el activarla de manera controlada puede llevarnos a disfrutar de un placer intenso que complemente, o incluso supere, al que se obtenga mediante la estimulación del exterior del pene, especialmente si ésta es tan profunda que alcance las paredes de la próstata.

Para poder poner en práctica el sounding se necesita, lógicamente, un objeto que poder insertar dentro del pene. Existen para ello una amplia variedad de elementos diseñados exclusivamente para este fin. Introducir algo por la uretra es una técnica conocida desde antiguo en la medicina. Esos útiles médicos, pensados en un principio para la salud, son perfectamente compatibles con un uso masturbatorio. Podrían conformar un primer grupo, compuesto, a su vez, de dos tipos de elementos. Uno sería el catéter, y el otro el dilatador uretral. El primero serviría originalmente para evacuar la orina de la vejiga. El segundo, para ensanchar el conducto. Los dilatadores uretrales, fabricados con acero quirúrgico, engloban a la par un gran número de diseños, todos ellos, en todo caso, calibrados según la milimetría de su grosor: Dittel, Hegar, Pratt, Van Buren y Rosebud.

Fuera de los útiles de origen médico, un segundo grupo de elementos destinados a ser introducidos dentro de la uretra serían, precisamente, los juguetes uretrales. Tomando como base los dilatadores uretrales médicos, nacería, con el paulatino auge que en los últimos años ha experimentado la estimulación uretral, una amplísima gama de útiles masturbatorios cuyo fin en ser insertados en el pene. La variedad es ingente, si bien podríamos diferenciar dos tendencias, según la longitud del juguete en sí. Los más cortos, o de menos de 10 centímetros de largo, son los nombrados habitualmente como penis plugs. Los que superan esa medición, son los juguetes uretrales propiamente dichos. Los penis plugs están inicialmente pensados para poder ser alojados de continuo en el pene. Su nombre, en realidad, podría traducirse al castellano como “tapón”. Disponen habitualmente para ello de alguna argolla o anillo que permita fijarlos al tronco peneano. Comparten con el resto de juguetes uretrales, por lo demás, la opción de presentar varias formas en su dibujo, ofreciendo a lo largo de su longitud series de perlados, bolas o discos que pretenden, con sus diseños, hacer que la estimulación de las terminaciones nerviosas de la uretra no responda sólo a la inserción del útil en sí, sino que la potencie gracias a esos abultamientos que van a rozar el canal por dentro. Cabe señalar, además, que muchos de estos juguetes uretrales pueden aparecer, además de en acero, en vidrio o silicona, así como ser huecos con la idea, en el caso de los penis plugs, de poder orinar a través de los mismos sin necesidad de extraerlos, o bien de poder eyacular con el penis plug o el juguete uretral íntegro o semiíntregro dentro del miembro viril.

Una rama dentro de los juguetes uretrales la ofrecen los vibradores y los aparatos de electroestimulación. Los primeros, como su nombre indica, aportan un plus estimulatorio en base a la vibración del objeto en sí. Pueden ser, como los juguetes uretrales, de metal o silicona, vibrando su largo a través de un sistema alimentado con batería que se mantiene fuera del pene. Una alternativa es el vibrador en cápsula. Conectada ésta tan sólo por cable al sistema de funcionamiento, su pequeño tamaño y semiindependencia le permite poder ser insertada a una mayor distancia que el vibrador íntegro, permitiéndonos sentir esa vibración, así, a una mayor profundidad, incluso en la próstata. La electroestimulación uretral, por su parte, utiliza el sistema habitual de estimulación mediante el paso de pequeñas corrientes eléctricas por la zona anatómica sobre la que se quiera actuar, dirigida en este caso, a través de un varilla insertada en la uretra, hacia el canal urinario.

Muy diferentes a éstos, por su parte, son los objetos de andar por casa. Lápices, bolígrafos, pinceles, cables de auriculares, destornilladores, glowsticks, chopsticks.... Todo lo que la imaginación y el morbo nos permita visualizar como un objeto apto para ser insertado dentro de la verga. Existe, sin embargo, un amplio debate en cuanto a su uso. Unos opinan que tan sólo se debe practicar sounding con objetos diseñados exclusivamente para esta técnica. Otros, que los útiles de andar por casa son válidos si se usan con extremo cuidado. Si bien, en todo caso, no es correcto recomendarlos, la experiencia nos indica que los objetos caseros pueden ser, para todo el que libremente y bajo advertencia se atreva, un gran aliado para el sounding, siempre que se tengan en cuenta, eso sí, tanto su diseño, compatible con la anatomía uretral, como sus características, debiendo asegurarnos que no se puedan romper, astillar, deshacer, que no sean romos o que puedan clavarse o herir las paredes del canal urinario.

Además del útil con que poder practicar el sounding, resulta muy aconsejable, casi imprescindible, el uso de lubricante. Si bien podemos aprovechar la saliva o el líquido preseminal para poder lubricar con estos fluidos el elemento que nos vamos a insertar, es muy recomendable utilizar un lubricante artificial que nos permita poder embadurnar constantemente el juguete a usar. Una correcta y abundante lubricación no sólo nos facilitará la propia inserción en sí, sino también la frotacción. Una lubricación pobre, escasa o inexistente puede derivar en dolor, posibles heridas o rozaduras internas y, sobre todo, en un gran escozor en las micciones siguientes a la sondada. Los lubricantes sexuales pueden dividirse entre aquéllos con base de agua, y los que tienen una base oleica, incluyéndose en estos últimos los lubricantes de base de silicona. Todos son aptos para el sounding al ser aptos para entrar en contacto con el interior del cuerpo humano, si bien hay que tener en cuenta que los de base acuosa se secan con mucha rapidez, y los lubricantes de silicona pueden corroer los juguetes fabricados con este mismo material. Las restantes sustancias oleosas o aceites corporales son completamente incompatibles con la práctica sondera al poder provocar, muy desaconsejablemente, un desquilibrio en el ph de la uretra. Lo ideal, en todo caso, sería hacer uso de un lubricante que ofreciese propiedades antibacterianas, ya que así, además de lubricar, podríamos desinfectar. Y es que la limpieza y desinfección previa del objeto con el que poder practicar sounding es indispensable. Agua, jabón, geles, alcohol... Una limpieza incorrecta podría acarrearnos un indeseado caso de cistitis o infección urinaria.

Con nuestro juguete limpio, desinfectado y convenientemente lubricado, estamos listos para poder empezar a practicar el sounding. Con calma, siempre con calma. Intentando controlar poco a poco las sensaciones, para que éstas no nos puedan y podamos nosotros, por contra, dirigirlas hacia el placer. Palpando el roce, sintiendo la apertura del canal. Primero el meato. Luego, la fosa navicular. Superada ésta, el resto del canal. Un calibre pequeño es lo más recomendable para iniciarnos, hasta descubrir cuánto nos puede dilatar la uretra. Una vez hechos a la técnica, podemos probar a insertar objetos más gruesos, según nuestras posibilidades anatómicas y gusto. Si bien algunos jugadores prefieren insertar el objeto lo más dentro posible, con el límite natural máximo dispuesto en la vejiga, otros se decantan por la progresiva dilatación o ensanchamiento del canal urinario. En este caso, son tres los factores que entran en juego para lograr introducir el calibre que nos planteamos: la paciencia, la constancia, y la predisposición anatómica/genética. Ir practicando poco a poco, constantemente, intentando aumentar de calibre cuando hemos logrado superar una medida, es lo recomendable, siempre sin prisas, sin forzar, y teniendo presente que nuestra uretra puede, llegados a un punto, no dar más de sí. Podemos también jugar con la inserción de dos dilatadores, o tres. Algunos logran incluso insertarse cuatro, o más. No faltan a los que les puede llegar a entrar incluso el dedo. En estas alternativas juega un papel fundamental algo más que la propia práctica masturbatoria en sí: el morbo y la excitación mental que el sounding genera en muchos de sus practicantes. Al placer aportado por la propia estimulación, se suma aquél derivado del morbo que puede generar observar cómo un objeto va entrando dentro del pene, rozándolo por dentro, marcándose por fuera, hasta llegar, incluso, a desaparecer dentro de nuestra verga, como si el cipote, hambriento, quisiera tragárselo. Está el morbo de sentir que, a través del sounding, nos follamos la polla. Que el meato, o la rajita, es una especie de coño, o una puerta hacia lo más íntimo del hombre, dispuesta para que indaguemos en su interior. Está la opción, incluso, de meter y sacar el objeto repetidamente, con más energia, con más velocidad, como si lo estuviésemos jodiendo de verdad. También podemos quedarlo inserto y masturbarnos, con la sensación de estar pajeándonos una verga empalada.

Si en vez de uno son varios los jugadores, las posibilidades de juego sonderas se multiplican. Podemos sondar y ser sondados. Se puede compartir el útil con que jugamos, hasta, a través de una sondada doble en la que cada uno de los penes es introducido respectivamente por cada uno de los extremos del juguete, las vergas vengan a juntarse, a besarse, mientras un mismo útil está petando, follando, ambas uretras a la vez. Luego está el mundo del BDSM, y el uso del sounding como método con el que poder someter a nuestro esclavo a través de su uretra. El sounding puede usarse, incluso, de manera compatible con las jaulas de castidad, pero eso ya es entrar en un mundo aparte. Por ahora, nos quedamos con el fabuloso arte de meternos cosas por la polla. ¿Estáis dispuestos a descubrirlo?

 ¡Bienvenidos a él!

domingo, 10 de diciembre de 2023

Chastity belt


Según cuenta uno de los mitos sexuales más arraigados sobre la Edad Media, era habitual entre los maridos más celosos de entonces obligar a sus esposas a utilizar el que diese en llamarse "cinturón de castidad", consistente éste en una especie de braga metálica que, dotada con los correspondientes orificios para poder miccionar y defecar, impedía sin embargo que la mujer pudiese efectuar el coito, quedando en poder del esposo la llave que permitía poder abrir el artilugio y despojarla del mismo. Impuesto al parecer especialmente por aquéllos que debían acudir a una batalla o a la guerra durante las largas ausencias del hogar que éstas conllevasen, hoy en día se considera una absoluta leyenda y falsedad tanto la existencia de tal artilugio como el uso prolongado del mismo, careciendo la primera de evidencia histórica alguna que la corroborase, sabiéndose a su vez de la consiguiente enfermedad y posible muerte que hubiera sufrido su portadora ante las infecciones que tal pieza metálica hubiera generado en su cuerpo a partir del segundo día de práctica. Las referencias literarias a tal objeto, ejecutadas a partir del Renacimiento, parecen ser más satíricas que realistas. Su uso en la Edad Moderna conlleva, nuevamente, más mitología que realidad. Tampoco puede demostrarse ni su fabricación ni su imposición como medida de castidad durante tales centurias, ya fuese dictaminada por los cónyuges, por la familia, o incluso por  los tribunales religiosos que, como la Inquisición, se dedicaran presuntamente a velar por la moralidad de la sociedad. La fabricación auténtica de tal objeto parece darse ya en el siglo XIX y en plena época victoriana, como medida preventiva ante las violaciones tomada por las enfermeras o religiosas encargadas de servir a las tropas. Su uso sería, en todo caso, ejercido en cortos periodos de tiempo. Algo que nuevamente chocaría con la idea de haberse podido establecer por entonces como método para evitar la masturbación femenina, o bien a fin de poder conservar la virginidad de las damas hasta que pudiera consolidarse su matrimonio.



El cinturón de castidad masculino histórico parece también tener más de mito que de autenticidad. Su uso en el medievo supuestamente se ejecutaría principalmente por los religiosos que desearan guardar fielmente su voto de castidad. Ninguna evidencia histórica lo corrobora, como tampoco puede cerciorarse que en el siglo XIX existiese éste bajo un similar fin encaminado a impedir la masturbación masculina. En 1.910, una patente relativa a un cinturón de castidad masculino sería registrada por el médico estadounidense Jonas E. Heyser, persiguiendo fundamentalmente con tal artilugio el dificultar a los pacientes diagnosticados bajo ciertas enfermedades mentales la práctica de la masturbación o el poder autodañarse los genitales.


Llegados a la actualidad, sin embargo, la existencia del cinturón de castidad, tanto masculino como femenino, es totalmente real. Sería el bdsm el responsable del resurgir de una idea que atañe la dominación sobre el contrario. La existencia hoy en día de materiales que permiten el uso de juguetes y artículos sobre y dentro de los genitales sin temor a la infección de los mismos, así la silicona o el acero inoxidable, ha permitido diseñar, crear y poner a la venta un sinfín de novedosos cinturones de castidad que, en el caso masculino, puede venir a interesar inclusive al amante del sounding. Ahora veremos por qué...




El cinturón de castidad masculino actual, también conocido como "chastity belt" o "chastity cage", puede ser usado de manera autónoma, como juguete erótico y/o masturbatorio, o bien dentro de las relaciones amo-sumiso, siendo el sumiso quien lo porta y el amo quien controla el uso del mismo. El fin perseguido sería, mayoritariamente, el imposibilitar con tal aparato la erección del dominado, manejando el amo a su antojo la conducta sexual de su esclavo. Tal juguete suele constar de cuatro partes diferenciadas, siendo indispensables el aro que fija el artículo al bajo vientre (introduciendo a través de él tanto el pene como el escroto), la jaula donde queda alojado el pene en estado de flacidez, y el candado que, uniendo ambas piezas, hace que la segunda quede, como la primera, consolidada a los genitales. Un cuarto elemento recomendable pero no indispensable sería el penis plug o tubo uretral que, fijado a la jaula, se insertaría dentro del pene favoreciendo la micción. Esta última pieza puede aparecer ya adherida a la propia jaula en sí, especialmente en los casos en que ambas partes son metálicas. Además del acero, también la silicona puede observarse en la fábrica de tal plug, ofreciéndose así un tubo más cómodo y flexible que su hermano metálico. En los casos en que la abertura para efectuar la orina sea amplia, puede prescindirse completamente de tal pieza, tal y como puede apreciarse en aquellos modelos de jaula donde gran parte del glande queda totalmente al descubierto.






Pudiendo encontrar desde modelos que ocultan en su interior la casi totalidad del pene, diseños que permiten, dada su transparencia, la visualización del mismo, hasta aquellos artículos donde se combinan ambas tendencias, un factor a tener en cuenta a la hora de adquirir un cinturón de castidad masculino es el tamaño o dimensiones de los elementos que lo conforman, así el aro de sujeción al tronco, como fundamentalmente la jaula donde va a quedar encajado el pene. El tamaño del falo es influyente, si bien no faltarán los amos que deseen ver a sus esclavos portando una jaula de escasas dimensiones que les provoque no sólo la ausencia absoluta de erección, sino también la compresión del miembro viril y, por ende, un mayor control sobre el mismo.







Una de las grandes diferencias entre modelos de cinturones de castidad masculinos radica a su vez en el material del que están hechos. Uno de lo más comunes es la resina, a modo de plástico duro, más suave que el metal y fácil de limpiar.



La silicona, como en muchos otros juguetes sexuales, poco a poco se va igualmente abriendo camino dentro del mundo de los cinturones de castidad. De higienización igualmente sencilla, es su flexibilidad y consiguiente comodidad las virtudes que hacen de este material uno de los más idóneos a la hora de hacer uso de este artículo.




Sin embargo, el material que más juego da dentro del mundo de los cinturones de castidad masculinos es el metal, entendiéndose como tal el acero inoxidable. Los diseños derivados del mismo son prácticamente infinitos sin que falten, incluso, los artículos híbridos donde se oferta la combinación del metal con otro material, como puede ser el cuero. La imaginación ha llegado a presentar cinturones metálicos totalmente alternativos, entre lo que no podían faltar aquéllos de diseño y/o de joyería, simulando sus jaulas diversas cabezas de animales, elaboradas las mismas con auténtica pedrería, o forjadas con los más puros metales preciosos, como el propio oro.











Para los más atrevidos, no faltan las jaulas provistas de puntas en su interior ofrecidas como si de pequeñas "doncellas de hierro" se tratase. Si no se quieren dejar los testículos de lado, existen cinturones que llevan acoplados un aro extra que permite sujetarlos férreamente y poder comprimir a su vez los mismos. Se dan también aquéllos cuya jaula no sólo encierra en su interior el pene, sino también el escroto. La ampliación de algunos va incluso más alla, combinándose el cinturón con el dildo anal. Como resultado, un único artículo híbrido que permite guardar los genitales mientras, a su vez, queda su prolongación insertada dentro del ano.





Más complejos y a su vez parecidos al presunto cinturón de castidad histórico son los modelos donde la jaula queda unida a un arnés, o bien pasa a formar parte del mismo. En algunos casos, puede contar éste con la posibilidad de añadir un juguete anal que pudiera extraerse si las necesidades fisiológicas lo requiriesen, potenciándose de este modo las opciones placenteras que puede generar el cinturón, así como la dominación ejercida sobre el sujeto portador a través del mismo. Arneses donde se ha destacado por su originalidad la firma FancySteel, pudiendo dirigirse uno de sus productos, el Men´s Advanced Chastity Belt, por control remoto. Gracias a un mando inalámbrico, puede el amo en la distancia controlar los momentos en que el cinturón puede o no activarse, o, incluso, ejecutar ciertas descargas sobre los genitales. Se abren así las puertas a una nueva etapa dentro del mundo de los cinturones de castidad donde ya se ubica el cinturón Cell Mate, controlado mediante aplicación del propio teléfono móvil.









La colocación del cinturón de castidad básico es, en todo caso, muy sencilla. El maromo que conforma la pareja hetero OurDirtyLilSecret estará encantado de explicároslo y mostrároslo a la par sobre su propio pene.


Como habréis podido observar, entre los elementos que este maromo se instala no figura el pequeño penis plug con que cuentan muchos de los modelos de cinturón de castidad masculinos. En algunos casos, la abertura que ofrece la jaula es suficiente como para poder orinar sin dificultad a través de ella. En otros, por el contrario, la presencia de tal tubo se hace prácticamente necesaria e indispensable, tal y como viene a mostrarnos Stoned-Kinky.




Es en este punto donde el uso del cinturón de castidad y la práctica sondera se encuentran. Tal tubo, al igual que un catéter, supone tanto una inserción como un alojo prolongado dentro del canal urinario, ya de por sí toda una experiencia uretral. El propio tubo puede ser, a su vez, usado como juguete uretral con el que poder masturbarte a pesar de no poder frotarte el pene, cubierto éste por la respectiva jaula. Pero, además, podemos sustituir tal elemento por todo un útil sondero, fundamentalmente aquéllos fabricados en silicona que permiten poder adaptarse a la curvatura generada por el propio cinturón, tal y como podremos observar y saborear gracias a los vídeos otorgados por TheOdderOtter. El uso sondero de un objeto rígido, en todo caso, no es imposible. Nuevamente Stoned-Kinky, antecedido por el seguidor del blog Tarmac, darán buena cuenta de ello.











Algunos portadores del cinturón de castidad son auténticos amantes del sounding. Hotkink llegará a insertarse, incluso con el cinturón puesto, hasta tres glowsticks a la vez dentro de la verga. Los tipos que le siguen no se quedan atrás. Uno de ellos se sondará con el cinturón puesto hasta no poder más con el calentón, decidiendo entonces quitárselo para poder disfrutar a fondo de una buena petada de rabo. Tras él, el joven que le releva directamente se deshará del cinturón para, ya liberado del mismo, darle caña sin ataduras a su uretra. Ya os podéis imaginar cómo terminarán los dos...




Para finalizar, y retomando el juego bdsm que puede dar el uso del cinturón de castidad, no hay que olvidar la también posible combinación entre castidad y sondadas que puede generarse entre amo y esclavo. Ambas prácticas son idóneas para ejercer el sometimiento de uno sobre otro. La suma de las dos puede ser perfecta. Con ella os dejo, esperando que esta lección sobre los cinturones de castidad masculinos os haya servido para conocer un producto, y una práctica, que tiene más que ver con el sounding de lo que pudiera parecer. ¡Disfrutadlo! ;)




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