“Pero, ¿qué dices? ¿Estás loco?” No sé si habréis oído esto alguna vez. Yo ya me cansé de contar las veces que me lo soltaban. Y es que, cuando comentas a otros tíos que te mola meterte cosas por la polla, es lo que muchos, rápidamente, automáticamente, se lanzan a decir. Al principio era algo que me indignaba. Hoy en día, simplemente, hago como con todos aquellos que igualmente sueltan, cuando de la estimulación anal masculina se trata, que a ellos no les entra por el ano “ni el pelo de una gamba”: pienso, sencillamente, “ellos se lo pierden”.
Si con la estimulación anal masculina siguen dándose muchos prejuicios, con el sounding lo que existe en un gran desconocimiento y una descomunal desinformación. Sin embargo, ambas prácticas responden a una realidad. En el caso de la estimulación anal, al hecho de localizarse el punto G masculino dentro del ano. En el del sounding, a la posibilidad de poder obtener placer masturbatorio a través de la frotación del pene no sólo por su exterior, sino también por su interior.
El sounding, urethral play, o formalmente uretralismo en castellano, es, efectivamente, la obtención de placer sexual a través de la estimulación de la uretra. Puede darse tanto en hombres como en mujeres, si bien nosotros nos vamos a centrar exclusivamente en el sounding peneano. ¿Por qué introducirse objetos dentro del pene para poder obtener placer? Al contrario de lo que la mayoría piensa, el mayor número de terminaciones nerviosas fálicas no se ubican en el glande, ni en el frenillo, ni en cualquier otro punto externo del pene. Éstas se concentran mayoritariamente en las paredes de la uretra. Este hecho anatómico responde a una necesidad corporal: al ser la uretra uno de los conductos que conecta el interior del cuerpo con el mundo exterior, está recubierta de un gran número de terminaciones nerviosas diseñadas para percibir todo lo que pudiera adentrarse por tal canal. Esta enorme sensibilidad es lo que muchos identifican inmediatamente con molestia, o con dolor. Sin embargo, ni tiene por qué ser molesta, ni dolorosa. Por el contrario, el activarla de manera controlada puede llevarnos a disfrutar de un placer intenso que complemente, o incluso supere, al que se obtenga mediante la estimulación del exterior del pene, especialmente si ésta es tan profunda que alcance las paredes de la próstata.
Para poder poner en práctica el sounding se necesita, lógicamente, un objeto que poder insertar dentro del pene. Existen para ello una amplia variedad de elementos diseñados exclusivamente para este fin. Introducir algo por la uretra es una técnica conocida desde antiguo en la medicina. Esos útiles médicos, pensados en un principio para la salud, son perfectamente compatibles con un uso masturbatorio. Podrían conformar un primer grupo, compuesto, a su vez, de dos tipos de elementos. Uno sería el catéter, y el otro el dilatador uretral. El primero serviría originalmente para evacuar la orina de la vejiga. El segundo, para ensanchar el conducto. Los dilatadores uretrales, fabricados con acero quirúrgico, engloban a la par un gran número de diseños, todos ellos, en todo caso, calibrados según la milimetría de su grosor: Dittel, Hegar, Pratt, Van Buren y Rosebud.
Fuera de los útiles de origen médico, un segundo grupo de elementos destinados a ser introducidos dentro de la uretra serían, precisamente, los juguetes uretrales. Tomando como base los dilatadores uretrales médicos, nacería, con el paulatino auge que en los últimos años ha experimentado la estimulación uretral, una amplísima gama de útiles masturbatorios cuyo fin en ser insertados en el pene. La variedad es ingente, si bien podríamos diferenciar dos tendencias, según la longitud del juguete en sí. Los más cortos, o de menos de 10 centímetros de largo, son los nombrados habitualmente como penis plugs. Los que superan esa medición, son los juguetes uretrales propiamente dichos. Los penis plugs están inicialmente pensados para poder ser alojados de continuo en el pene. Su nombre, en realidad, podría traducirse al castellano como “tapón”. Disponen habitualmente para ello de alguna argolla o anillo que permita fijarlos al tronco peneano. Comparten con el resto de juguetes uretrales, por lo demás, la opción de presentar varias formas en su dibujo, ofreciendo a lo largo de su longitud series de perlados, bolas o discos que pretenden, con sus diseños, hacer que la estimulación de las terminaciones nerviosas de la uretra no responda sólo a la inserción del útil en sí, sino que la potencie gracias a esos abultamientos que van a rozar el canal por dentro. Cabe señalar, además, que muchos de estos juguetes uretrales pueden aparecer, además de en acero, en vidrio o silicona, así como ser huecos con la idea, en el caso de los penis plugs, de poder orinar a través de los mismos sin necesidad de extraerlos, o bien de poder eyacular con el penis plug o el juguete uretral íntegro o semiíntregro dentro del miembro viril.
Una rama dentro de los juguetes uretrales la ofrecen los vibradores y los aparatos de electroestimulación. Los primeros, como su nombre indica, aportan un plus estimulatorio en base a la vibración del objeto en sí. Pueden ser, como los juguetes uretrales, de metal o silicona, vibrando su largo a través de un sistema alimentado con batería que se mantiene fuera del pene. Una alternativa es el vibrador en cápsula. Conectada ésta tan sólo por cable al sistema de funcionamiento, su pequeño tamaño y semiindependencia le permite poder ser insertada a una mayor distancia que el vibrador íntegro, permitiéndonos sentir esa vibración, así, a una mayor profundidad, incluso en la próstata. La electroestimulación uretral, por su parte, utiliza el sistema habitual de estimulación mediante el paso de pequeñas corrientes eléctricas por la zona anatómica sobre la que se quiera actuar, dirigida en este caso, a través de un varilla insertada en la uretra, hacia el canal urinario.
Muy diferentes a éstos, por su parte, son los objetos de andar por casa. Lápices, bolígrafos, pinceles, cables de auriculares, destornilladores, glowsticks, chopsticks.... Todo lo que la imaginación y el morbo nos permita visualizar como un objeto apto para ser insertado dentro de la verga. Existe, sin embargo, un amplio debate en cuanto a su uso. Unos opinan que tan sólo se debe practicar sounding con objetos diseñados exclusivamente para esta técnica. Otros, que los útiles de andar por casa son válidos si se usan con extremo cuidado. Si bien, en todo caso, no es correcto recomendarlos, la experiencia nos indica que los objetos caseros pueden ser, para todo el que libremente y bajo advertencia se atreva, un gran aliado para el sounding, siempre que se tengan en cuenta, eso sí, tanto su diseño, compatible con la anatomía uretral, como sus características, debiendo asegurarnos que no se puedan romper, astillar, deshacer, que no sean romos o que puedan clavarse o herir las paredes del canal urinario.
Además del útil con que poder practicar el sounding, resulta muy aconsejable, casi imprescindible, el uso de lubricante. Si bien podemos aprovechar la saliva o el líquido preseminal para poder lubricar con estos fluidos el elemento que nos vamos a insertar, es muy recomendable utilizar un lubricante artificial que nos permita poder embadurnar constantemente el juguete a usar. Una correcta y abundante lubricación no sólo nos facilitará la propia inserción en sí, sino también la frotacción. Una lubricación pobre, escasa o inexistente puede derivar en dolor, posibles heridas o rozaduras internas y, sobre todo, en un gran escozor en las micciones siguientes a la sondada. Los lubricantes sexuales pueden dividirse entre aquéllos con base de agua, y los que tienen una base oleica, incluyéndose en estos últimos los lubricantes de base de silicona. Todos son aptos para el sounding al ser aptos para entrar en contacto con el interior del cuerpo humano, si bien hay que tener en cuenta que los de base acuosa se secan con mucha rapidez, y los lubricantes de silicona pueden corroer los juguetes fabricados con este mismo material. Las restantes sustancias oleosas o aceites corporales son completamente incompatibles con la práctica sondera al poder provocar, muy desaconsejablemente, un desquilibrio en el ph de la uretra. Lo ideal, en todo caso, sería hacer uso de un lubricante que ofreciese propiedades antibacterianas, ya que así, además de lubricar, podríamos desinfectar. Y es que la limpieza y desinfección previa del objeto con el que poder practicar sounding es indispensable. Agua, jabón, geles, alcohol... Una limpieza incorrecta podría acarrearnos un indeseado caso de cistitis o infección urinaria.
Con nuestro juguete limpio, desinfectado y convenientemente lubricado, estamos listos para poder empezar a practicar el sounding. Con calma, siempre con calma. Intentando controlar poco a poco las sensaciones, para que éstas no nos puedan y podamos nosotros, por contra, dirigirlas hacia el placer. Palpando el roce, sintiendo la apertura del canal. Primero el meato. Luego, la fosa navicular. Superada ésta, el resto del canal. Un calibre pequeño es lo más recomendable para iniciarnos, hasta descubrir cuánto nos puede dilatar la uretra. Una vez hechos a la técnica, podemos probar a insertar objetos más gruesos, según nuestras posibilidades anatómicas y gusto. Si bien algunos jugadores prefieren insertar el objeto lo más dentro posible, con el límite natural máximo dispuesto en la vejiga, otros se decantan por la progresiva dilatación o ensanchamiento del canal urinario. En este caso, son tres los factores que entran en juego para lograr introducir el calibre que nos planteamos: la paciencia, la constancia, y la predisposición anatómica/genética. Ir practicando poco a poco, constantemente, intentando aumentar de calibre cuando hemos logrado superar una medida, es lo recomendable, siempre sin prisas, sin forzar, y teniendo presente que nuestra uretra puede, llegados a un punto, no dar más de sí. Podemos también jugar con la inserción de dos dilatadores, o tres. Algunos logran incluso insertarse cuatro, o más. No faltan a los que les puede llegar a entrar incluso el dedo. En estas alternativas juega un papel fundamental algo más que la propia práctica masturbatoria en sí: el morbo y la excitación mental que el sounding genera en muchos de sus practicantes. Al placer aportado por la propia estimulación, se suma aquél derivado del morbo que puede generar observar cómo un objeto va entrando dentro del pene, rozándolo por dentro, marcándose por fuera, hasta llegar, incluso, a desaparecer dentro de nuestra verga, como si el cipote, hambriento, quisiera tragárselo. Está el morbo de sentir que, a través del sounding, nos follamos la polla. Que el meato, o la rajita, es una especie de coño, o una puerta hacia lo más íntimo del hombre, dispuesta para que indaguemos en su interior. Está la opción, incluso, de meter y sacar el objeto repetidamente, con más energia, con más velocidad, como si lo estuviésemos jodiendo de verdad. También podemos quedarlo inserto y masturbarnos, con la sensación de estar pajeándonos una verga empalada.
Si en vez de uno son varios los jugadores, las posibilidades de juego sonderas se multiplican. Podemos sondar y ser sondados. Se puede compartir el útil con que jugamos, hasta, a través de una sondada doble en la que cada uno de los penes es introducido respectivamente por cada uno de los extremos del juguete, las vergas vengan a juntarse, a besarse, mientras un mismo útil está petando, follando, ambas uretras a la vez. Luego está el mundo del BDSM, y el uso del sounding como método con el que poder someter a nuestro esclavo a través de su uretra. El sounding puede usarse, incluso, de manera compatible con las jaulas de castidad, pero eso ya es entrar en un mundo aparte. Por ahora, nos quedamos con el fabuloso arte de meternos cosas por la polla. ¿Estáis dispuestos a descubrirlo?
¡Bienvenidos a él!
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